Acogemos el mandato de Jesús de anunciar el Evangelio a toda la humanidad, en cualquier parte del mundo, fuera de nuestra cultura de origen, para manifestar a todos con nuestra palabra y nuestra vida el Amor de Dios.
Fundados por el obispo italiano Monseñor Guido María Conforti quien nos legó unos valores de vida religiosa y de acción misionera que nos inspiran y guían en nuestra vida, San Francisco Javier es nuestro modelo y patrón. Como él, nos sentimos impulsados por el amor de Cristo a dedicar totalmente nuestras vidas a la obra de anunciar el Reino de Dios, preferentemente entre los más pobres del mundo, en los países donde el Evangelio es menos conocido.
Vivimos la disponibilidad total al servicio del Evangelio, dejando nuestra familia, tierra y cultura, para poder ofrecer a todos nuestra fraternidad. Nos comprometemos a hacernos pobres con los pobres para testimoniar el valor del Reino de Dios y la dignidad de la persona humana, poniendo nuestra confianza no en los poderosos sino en la fuerza y la riqueza del Evangelio.
Nuestro primer servicio al Reino de Dios es el anuncio de Cristo y de su Evangelio entre aquellos pueblos que aún no lo conocen. Como misioneros colaboramos con el Espíritu de Jesús para que la propuesta del Evangelio sea acogida y nazca una nueva fraternidad entre todos los pueblos que provoque la transformación profunda de las personas y de las estructuras injustas de nuestro mundo.
Ante las graves violaciones de los derechos humanos, nos sentimos llamados a actuar en favor de la justicia, a participar en la transformación del mundo y a denunciar todo aquello que deshumaniza a los pueblos. Queremos ponernos a la escucha del grito de los pobres para ser voz de los que no tienen voz e invitar a todos, hombres y mujeres, a ser constructores de un mundo de hermanos. |