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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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Los Padres Capadocios
Hasta mediados del siglo IV, la provincia de Capadocia no produjo a los tres grandes teólogos, Basilio de Cesarea, su amigo Gregorio de Nacianzo y su hermano Gregorio de Nisa, a quienes llamamos «los tres grandes Capadocios». En esta espléndida tríada, la obra teológica de Atanasio encontró su continuación y llegó a su cumbre. A su muerte, la derrota del arrianismo y la victoria gloriosa de la fe nicena estaban ya a la vista. Su contribución al progreso de la teología, a la solución del problema «helenismo y cristianismo», al restablecimiento de la paz y a la expansión del monaquismo tuvieron una influencia duradera en la Iglesia universal. (Quasten)
Grupo: temas
Año de referencia: 378
Introducción:

San Atanasio había defendido la fe de Nicea. Corresponde a los grandes doctores de Capadocia, herederos de la tradición de Orígenes, la elaboración de una teología de la Trinidad, sobre todo mediante la determinación del sentido de ciertas fórmulas (persona o hipóstasis, sustancia; una sustancia y tres hipóstasis), empleadas a veces con titubeos por Atanasio, y mediante el establecimiento de una equivalencia entre los vocabularios griego y latino (hipóstasis= persona; ousia= substancia). 

San Basilio de Cesarea (329-379), retórico, monje y obispo, fue predicador y exégeta (Homilías sobre el Hexamerón), maestro de Ascética y legislador del monacato oriental (Reglas); pero, sobre todo es el teólogo que recuerda a Eunomio el respeto al misterio de Dios, que hace triunfar la fórmula de «una sustancia en tres hipóstasis» (haciendo progresar la terminología del símbolo de Nicea), que sin osar aún a llamar Dios al Espíritu Santo, establece sin embargo su divinidad y consubstancialidad (De Spiritu Sancto). Es también el moralista que predica enérgicamente sus deberes a los ricos y la función social de las riquezas, y que determina las ventajas y los peligros de la cultura en la formación cristiana (A los jóvenes).

San Gregorio Nacianceno (329-390), alma contemplativa, llevada a pesar suyo al campo de la acción, fue obispo de Constantinopla (379- 381), donde tomó parte en el segundo Concilio ecuménico. Poeta, epistológrafo, interesa aquí especialmente como orador. Particularmente en los cinco Discursos teológicos pronunciados en Constantinopla, predica la fe en la Trinidad (distingue las Personas por sus relaciones de origen) y proclama abiertamente la divinidad del Espíritu Santo. Defiende contra Apolinar, que negaba a Cristo una alma racional, la integridad de la naturaleza humana del Verbo, el cual, «no salva sino aquello que asume». Traza los primeros rasgos de la cristología que se desarrollará en el siglo V.

San Gregorio Niseno (335-394), hermano menor de San Basilio y como él retórico y luego monje, fue por él ordenado obispo de Nisa, en Capadocia. Además de orador, filósofo y teólogo es también un gran místico (Contemplación sobre la vida de Moisés, Comentarios sobre el Cantar, sobre las Bienaventuranzas, Tratado de la Virginidad). Ejercerá una influencia profunda que llegará en Occidente hasta Guillermo de Saint Thierry y San Bernardo (mística bautismal, renunciamento, éxtasis de amor, etc.) Su teología trinitaria concebida en oposición a Eunomio y Apolinar, no está exenta de un falso realismo platónico. El Discurso Catequético, que no es una catequesis sino un esquema de toda su teología, constituye el primer ensayo de una teología de la transubstanciación. (Loarte)

Aunque unidos por intereses comunes de inteligencia y espíritu, así como por los lazos de una estrecha amistad, que duró toda la vida, cada uno de ellos representa un tipo distinto de personalidad. Así, por ejemplo, a Basilio se le conoce como hombre de acción; a Gregorio Nacianceno, como maestro de oral, y a Gregorio de Nisa, como pensador. (Quasten)

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