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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003

El prólogo del Evangelio según San Marcos

por Lic. Abel Della Costa
Nació en Buenos Aires en 1963. Realizó la licenciatura en teología en Buenos Aires, y completó la especialización en Biblia en Valencia.
Desde 1988 hasta 2003 fue profesor de Antropología Teológica y Antropología Filosófica en en la Universidad Católica Argentina, Facultad de Ciencias Sociales.
En esos mismos años dictó cursos de Biblia en seminarios de teología para laicos, especialmente en el de Nuestra Señora de Guadalupe, de Buenos Aires.
En 2003 fundó el portal El Testigo Fiel.
27 de octubre de 2003
Muchas veces no sabemos cómo orientarnos en la lectura de los Evangelios. Sin embargo, los propios autores nos ha dejado "pistas", señales para que podamos comprender sus escritos.
En este artículo se intenta mostrar cómo el breve prólogo de San Marcos orienta su lectura.

Comenzar un libro era todo un desafío para el escritor antiguo (no sólo en los escritores bíblicos), ya que no contaban con los medios expresivos que tenemos nosotros al escribir, y que nos parecen imprescindibles. ¿Qué medios expresivos? Bueno, todo eso que hoy permite al lector situarse de un pantallazo en la obra: títulos, subtítulos, prólogo, resumen de contenido... pero tampoco tenía comas, puntos, signos de interrogación y de pregunta, ¡y ni siquiera división entre las palabras!

Así que escribir una obra significaba escribir su contenido pero también estar muy atento a ir "dejando caer" palabras y frases reconocibles que le permitieran al lector ir descubriendo el sentido global del libro, por ejemplo, de qué trata, qué "partes" (no visibles, claro) tiene, dónde termina una historia o una argumentación y empieza otra, etc.

Cuando hoy abrimos una Biblia y la vemos dividida en versículos y capítulos, en fragmentos con su correspondiente subtítulo, en grandes bloques con su título, etc. estamos heredando una tarea hecha por los lectores a lo largo de 2000 años de lectura: decodificar esa larga palabra original para volcarla en nuestros moldes expresivos.

No debe extrañarnos, por lo tanto, que a veces un editor coloque un título y otro le coloque otro muy distinto al mismo pasaje, o que nos parezca que un capítulo está mal cortado, ¡no siempre se ve tan claro!

Por ejemplo, si nosotros queremos decir "El Poema de la Creación" tenemos que referirnos a Gn 1-2,4a, es decir, Génesis capítulo uno entero y capítulo dos, los versículos uno, dos, tres y la mitad del cuatro; ¿por qué esa cita tan rara, por qué no Gn 1? Porque Stephanus, quien hizo en el Medioevo la división en capítulos y versículos que hoy conocemos, reconoció con acierto la mayor parte de las veces las secuencias naturales de los relatos... pero lamentablemente no en este caso.

Dentro de las "marcas" que los autores dejaban en sus textos se encuentran las frases introductorias o prólogo, que en la Biblia suelen contener un resumen de la teología del libro, o una declaración de intenciones del autor. Reconocer estos prólogos y comprenderlos es sumamente importante, para no pedirle después al libro que nos diga otras cosas que las que el libro está preparado para decir, o para poder guiarnos en lo que podremos hallar en él.

El Evangelio de San Marcos tiene un prólogo muy breve, casi parece que no tuviera, porque coincide con el título del libro, que es su frase inicial, Mc 1,1

"Comienzo del Evangelio de Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios"

Eso es todo lo que dice, pero dice muchísimo, porque si lo aprendemos a leer tenemos allí al menos tres cosas:

-El género literario del libro

-Cómo está estructurado

-Su intención teológica

¿Tanto en una sola frase? sí, tanto. Los antiguos estaban muy acostumbrados a estos procedimientos, y escribían con una pericia desconocida para nosotros; además había que ahorrar papiro, que era muy caro, así que no era cuestión de decir con diez frases lo que se podía decir con una..

Su género literario (qué clase de libro es)

San Marcos nos dice que se trata de un "evangelio", un género propio del cristianismo naciente, pero de mucho uso en la segunda mitad del siglo primero -precisamente cuando se escriben nuestros cuatro evangelios canónicos-.

San Lucas dirá en su prólogo que "muchos han tratado de narrar... y he decidido yo también..."; la Carta a los Efesios dirá que el Don de la Gracia de Cristo hace "a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, autores de evangelios,..." (Ef 4,11, en algunas traducciones actuales se pone 'a otros, evangelizadores', lo que es incorrecto, ya que la palabra original es 'euangelistás', es decir, 'compositores de evangelios').

El género "evangelio" tuvo (¡y tiene!) una importancia central en la profundización de la fe pascual, ya que permitió ir penetrando por medio de la reflexión teológica en la figura de Jesús, centro de nuestra Fe, que en la primera etapa de nuestra Iglesia era objeto del puro anuncio de la Salvación.

Conservamos en la propia Biblia algunas fórmulas de anuncio (en griego, "kerigma") que usaban los primeros cristianos en su predicación, por ejemplo:

"Cómo Dios, a Jesús de Nazaret, le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo, porque Dios estaba con él..." (Hechos 10,38)

Otros dirán más brevemente: Jesús es "el Cristo" (Mc 8,29) o "el Hijo de David" (Mc 10,47), lo que para un judío implicaba que se había reconocido en él al Salvador prometido.

Los Evangelios pertenecen a la segunda generación del cristianismo, pasados los años 60, cuando ya la Iglesia no se conforma con las fórmulas de proclamación sino que intenta penetrar en la figura y en la persona del propio Jesús. Para eso es necesario contar con relatos más desarrollados, que expliquen, que argumenten, que relean el Antiguo Testamento, que desarrollen el sentido profundo de los vagos recuerdos que se habían conservado sobre el paso de Jesús entre nosotros, paso que por la experiencia de su muerte y resurrección resultó más rico de sentido y de resonancias.

Desde el principio los creyentes dejaron de lado una tarea que nosotros hubieramos intentado en seguida: hacer una biografía de Jesús. Les interesó poco, prácticamente nada, la cuestión de volcar de manera ordenada los datos externos de su vida. ¿No los tenían? probablemente sí, sólo que eso era demasiado poco para hablar de aquel que había sido "Dios en medio de nosotros". La biografía hubiera sido una distracción imperdonable frente a Alguien sobre lo que hay tanto para decir y comprender. Así que comenzaron a escribir "evangelios", kerigmas desarrollados en forma de "dramatización", en los que queda claro desde el principio eso que la Iglesia había ido comprendiendo poco a poco.

¿Para qué se escribieron? Para lo mismo que habían nacido las fórmulas de kerigma, para anunciar, pero de una forma más completa y compleja, para que no sea ya el predicador el que le anuncia al hombre "Jesús es tu Salvador", sino que sea el propio lector (oyente, mejor dicho) el que llegara a poder decir "Ése es MI Salvador".

Se escribieron muchos, pero no todos demasiado bien. Algunos incluian tradiciones puramente folklóricas o localistas, que sólo interesaban a la iglesia en la que habían sido hechos, otros penetraban en la figura de Jesús pero comprendiéndola a partir de moldes mentales extraños a la tradición de la Escritura (es decir, el Antiguo Testamento, en ese momento), otros no reflejaban los desarrollos de la Fe a las que los creyentes habían llegado gracias a los duros años de predicación y buen combate de los grandes Apóstoles... El resultado hacia el fin del siglo I fue un puñado de escritos del género "evangelio" de los cuales sólo en cuatro de ellos la Iglesia reconoció las huellas del Espiritu Santo que la animaba día a día.

El Evangelio de San Marcos es el primero de los cuatro que fueron aceptados, quizás compuesto hacia el 60 o el 65. Él nos dice claramente que su escrito hay que leerlo con esos referentes, que no hay que buscar en él lo que no interesó ni interesa a la Fe, sino aquello que me puede llevar a Jesús, que me lo puede "revelar", con toda la plenitud de sentido de ese verbo.

Cómo está estructurado el libro

San Marcos retomó una fórmula kerigmática usual en la Iglesia primitiva: "Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios", y construyó su Evangelio en dos partes bien diferenciadas:

-Desde 1 hasta 8, impera el "secreto mesiánico", Jesús no quiere que se diga quién es él, hasta que les pregunta a sus apóstoles "y vosotros, ¿quién decís que soy yo?", y Pedro le responde: "Tú eres el Cristo", a lo que Jesús responde anunciando su Pasión.

-Desde 9 hasta 15, Jesús camina claramente hacia la Cruz, y ya frente a ella, el centurión romano declarará: "verdaderamente éste hombre era el hijo de Dios"

-El último capítulo, el 16, como una especie de "epílogo" incluirá el anuncio de la Resurrección y las apariciones del Resucitado a los creyentes, en medio del miedo e incredulidad de ellos.

Cómo vemos, el esquema literario muy simple trazado en la frase inicial, guía la composición del libro y ayuda al lector a descubrir su progresión.

Su intención teológica

Este esquema en dos partes y un epílogo (tan importante como para aglutinar en pocas palabras lo referente a la Resurrección) no es un mero artificio literario como para organizar de algún modo el material, sino que envuelve una profunda intención de penetrar con el pensamiento en la figura de Jesús.

Sabemos que la palabra "pez", en griego "ichthýs", era usada por los creyentes como anagrama de lo esencial de la Fe:

I-esoús Ch-ristós Th-eoú Y-iós S-oter = Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, el Salvador

Marcos usa una fórmula parecida, pero, curiosamente, le falta la última palabra, "el Salvador". No es que se la olvidó, de ninguna manera... la falta de esa palabra es uno de los motores de su evangelio.

Ante todo comenzó por interpretar el kerigma de una manera novedosa: consideró que los títulos "el Cristo" ("Mesías", en el lenguaje del AT) y "el Hijo de Dios" no son dos títulos sino uno sólo, nada más que dividido en los dos grupos que formaron la Iglesia de Jesús: los judíos y los paganos.

Digamos que San Marcos interpreta que lo que es "el Cristo" para los judíos equivale a "el Hijo de Dios" para los paganos, y desarrollará su "argumentación" depurando en cada parte de las dos de su evangelio todos los aspectos incompatibles con Jesús que pudieran conservar eso títulos. Por ejemplo, el título "Cristo" (o Mesías) tenía para los judíos connotaciones triunfalistas que evidentemente no estaban de acuerdo con lo que Jesús había predicado, así que luego de "dramatizar" (en sentido teatral) la vida de Jesús para que quedara claro que el triunfalismo quedaba exluído de la Fe auténtica, un judío, Pedro, le aplica el título a Jesús.

En la segunda parte realizará una tarea similar con el título "Hijo de Dios", hasta que un pagano, el centurión, pueda ya aplicar el título a Jesús, al pie de la Cruz, que es donde Jesús se reveló por completo.

¿Pero qué pasó con el título "el Salvador"? Ese no está, ese le compete al lector aplicarlo. Jesús no es "el Salvador" en abstracto, Jesús es MI Salvador, y cada lector tiene que hacer ese trabajo de descubrir en la Cruz que ése que es el Cristo de los judíos y el Hijo de Dios de los paganos, es para todos los creyentes, judíos o paganos, el Salvador.

Allí adquieren sentido el anuncio de la tumba vacía y las apariciones del Resucitado, que sólo pueden ser vistas por aquellos que superan el miedo inicial y dejan de lado la incredulidad y el escepticismo... y se sientan con él a la Mesa (Mc 16,14) para recibir de su propia boca el mandato de anunciar el Mensaje a todos los hombres.

Como se puede ver, ¡es posible decir mucho en una sola frase!

Comentarios
por Maite (80.58.8.---) - mié , 29-oct-2003, 23:00:00

Abel, jamás pense, que el Evangelio de San Marcos. el más cortito, de los cuatro pudiese tener, tal riqueza de contenido. Nunca, había caído en los detalles, tan importantes, que tú, me has hecho caer ahora.
Para mi, el no decir explicitamente que Jesús era el Salvador, era porque se daba por supuesto. Cuando es por algo mucho más grande. porque, en mi caso. soy yo, quien tengo que descubrirlo y esperimentarlo como Salvador.
Tampoco, habia caído en la cuenta, de su estructuración, de esa forma de presentación "teatral".
Otra cosa. que me llamó la atención, aunque debo decir, que la primera vez ya fue, en mi primer curso de Biblia, fue cuando me entere, que escribian sin signos de puntuación; con los cambios que puede hacer una coma, y si no que se lo digan al autor del "Si, de las niñas".
Y es que un texto biblico sin signos de puntuacion y el libre examén. y Sale, de todo, menos lo que tiene que salir.
Gracias a Dios. el Espiritu santo, esta con su Iglesia, y con muchos de sus teólogos.
Te repito me ha encantado

por Excelente información que buscaba hace tiempo! (i) (201.252.155.---) - mar , 16-oct-2012, 12:10:33

muy buenos días !
realmente es un deber, una alegría compartir todo éstos temas, incluso lo referido a los evangelios ap´corfos, con una persona o equipode altos conocimientos, será la manera de acercar al mundo a la Fé, auntentica, la que nace del ser mismo al ser creados, sólo el conocimiento trae Luz y los que somos misioneros nos cuesta incluso hallar éstas informaciones que quienes están camino a la conversión nos solicitan:Bendciones !
MI PAÍS NUESTROS DERECHOS
MARÍA DE LOURDES LUCERO

por Ester (i) (190.108.249.---) - mié , 27-may-2015, 12:12:42

Muchas gracias, a todos.
Sus comentarios, confortan mi camino.

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