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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
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¿Cómo fue la vida de Benjamin y cuál fue la misíón que Dios le encomendó?

pregunta realizada por Melissa
1 de octubre de 2011

Introducción a la cuestión de las tribus de Israel

Israel tuvo -en realidad como todos los demás pueblos de la historia- unos orígenes complejos; y dado que nos son tan lejanos en el tiempo, y con tan escasas fuentes históricas, esos orígenes son muy difíciles de trazar. A grandes rasgos podríamos decir que hubo un núcleo inicial de fugitivos de Egipto que siguieron a Moisés, a su liderazgo personal y al Dios en nombre del que Moisés hablaba; un Dios en cierto sentido distinto a los dioses de los pueblos. Sea como sea que se lo representara cada uno, este Dios, Yahvé, era un Dios enteramente personal, que hablaba con cada hombre «de tú a tú»; incluso, cuando se refiere a Moisés, se dice que Dios hablaba con él «como un hombre con su amigo» (Ex 33,11).

Esta fe de Israel en la cercanía y la «humanidad» de su Dios fue la fuerza a partir de la cual se fueron uniendo, a ese pequeño núcleo de fugitivos que venían de Egipto, otros grupos humanos, etnias, pueblos, grupos tribales. No todos habían estado en Egipto, ni todos descendían del mismo patriarca, pero a los efectos religiosos, todos se vieron a sí mismos como hermanos en un mismo Dios, y por tanto como hijos de un mismo padre.

Así que andando el tiempo, y cuando ya nadie recordaba exactamente cómo había empezado ese pueblo, se comenzaron a plasmar teológicamente los orígenes de Israel. Surgieron así tradiciones que hablaban de doce hijos de un mismo padre, Jacob, que habían bajado todos a Egipto, habían estado todos allí esclavos, y habían salido todos juntos en pos de Moisés para conquistar, en nombre de Yahvé la «tierra prometida». Esta visión no se corresponde con los vestigios arqueológicos, ni con las escasísimas fuentes documentales que llegaron hasta nosotros, pero lo que no es del todo exacto en los hechos, expresa muy bien la esencia profunda, religiosa, del pueblo de Israel: una fraternidad de hombres convocados por un Dios a la vez trascendente, misterioso, y muy cercano a cada uno, que habita en el propio corazón de cada uno de los suyos, y que por tanto puede ser amado «con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas» (Dt 6,5).

Esas muy dispares tradiciones sobre los diversos grupos humanos que formaron el Israel inicial se transformaron entonces en la historia de las «Doce Tribus», que pasaron así a simbolizar el complejo mundo de los orígenes de Israel. Dentro de esa historia, cada «hijo» tiene un lugar y un rol, que normalmente está muy relacionado con la historia posterior de la etnia a la que se refería.

Esta muy breve introducción (a un tema al que los especialistas dedican, con justo merecimiento, tratados enteros) es sobre todo para ponernos en guardia de que, cuando leemos en la Biblia la «historia» de los padres de Israel, no estamos leyendo un mero anecdotario, sino la cristalización de toda una comprensión religiosa de la historia y del propio pasado.

Los «Doce hijos» de Jacob

Jacob, nos dice la Biblia, tuvo dos esposas: Lía y Raquel, hermanas, hijas de Labán, tío de Jacob; cada una de ellas, a su vez, aportó al matrimonio una esclava propia: Lía a Zilpá y Raquel a Bilhá. Conforme al derecho oriental antiguo, cuando una mujer no podía tener hijos, entregaba su esclava al marido, y esta debía parir en las rodillas de su ama, de tal modo que los hijos de la esclava eran considerados legítimos del matrimonio. De esta manera Jacob tuvo 12 hijos varones relevantes en el relato bíblico (en realidad el fragmento que transcribiré no aclara que no tuviera más):

«Los hijos de Jacob fueron doce.

Hijos de Lía: el primogénito de Jacob, Rubén; después Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón.

Hijos de Raquel: José y Benjamín.

Hijos de Bilhá, la esclava de Raquel: Dan y Neftalí.

Hijos de Zilpá, la esclava de Lía: Gad y Aser. Estos fueron los hijos de Jacob, que le nacieron en Paddán Aram.» (Gn 35,22-26)

Esta noticia un poco ascéptica que nos da este narrador bíblico no toma en cuenta los entresijos de estos nacimientos, contados con muchísimo más colorido por otro narrador, posiblemente más antiguo, que encontramos apenas unos capítulos más atrás. Desde el principio sabemos que Jacob estaba realmente enamorado de Raquel -aunque no le podía dar descendencia-, mientras que Lía le fue impuesta por una trampa de Labán (ver Gn 29,15-30). Una vez casado comienzan a llegar los hijos; vale la pena leer el fragmento de la «pelea» de las dos hermanas, donde la misteriosa mano de Yahvé reparte las cartas:

«Vio Yahveh que Lía era aborrecida y la hizo fecunda, mientras que Raquel era estéril.

Lía quedó encinta y dio a luz un hijo al que llamó Rubén, pues dijo: "Yahveh ha reparado en mi cuita: ahora sí que me querrá mi marido."

Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: Yahveh ha oído que yo era aborrecida y me ha dado también a éste." Y le llamó Simeón.

Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: "Ahora, esta vez, mi marido se aficionará a mí, ya que le he dado tres hijos." Por eso le llamó Leví.

Concibió otra vez y dio a luz un hijo, y dijo: "Esta vez alabo a Yahveh." Por eso le llamó Judá, y dejó de dar a luz.

Vio Raquel que no daba hijos a Jacob, y celosa de su hermana dijo a Jacob: "Dame hijos, o si no me muero."

Jacob se enfadó con Raquel y dijo: ¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios, que te ha negado el fruto del vientre?"

Ella dijo: "Ahí tienes a mi criada Bilhá; únete a ella y que dé a luz sobre mis rodillas: así también yo ahijaré de ella."

Dióle, pues, a su esclava Bilhá por mujer; y Jacob unióse a ella. Concibió Bilhá y dio a Jacob un hijo.

Y dijo Raquel: "Dios me ha hecho justicia, pues ha oído mi voz y me ha dado un hijo." Por eso le llamó Dan.

Otra vez concibió Bilhá, la esclava de Raquel, y dio a Jacob un segundo hijo.

Y dijo Raquel: "Me he trabado con mi hermana a brazo partido y la he podido"; y le llamó Neftalí.

Viendo Lía que había dejado de dar a luz, tomó a su esclava Zilpá, y se la dio a Jacob por mujer. Y Zilpá, la esclava de Lía, dio a Jacob un hijo.

Lía dijo: "¡Enhorabuena!" Y le llamó Gad.

Zilpá, la esclava de Lía, dio a Jacob un segundo hijo, y dijo Lía: "¡Feliz de mí! pues me felicitarán las demás." Y le llamó Aser.

[...]

Dios oyó a Lía, que concibió y dio un quinto hijo a Jacob.

Y dijo Lía: "Dios me ha dado mi recompensa, a mí, que tuve que dar mi esclava a mi marido." Y le llamó Isacar.

Lía concibió otra vez y dio el sexto hijo a Jacob.

Y dijo Lía: "Me ha hecho Dios un buen regalo. Ahora sí que me apreciará mi marido, pues le he dado seis hijos." Y le llamó Zabulón.

Después dio a luz una hija a la que llamó Dina.

Entonces se acordó Dios de Raquel. Dios la oyó y abrió su seno, y ella concibió y dio a luz un hijo. Y dijo: "Ha quitado Dios mi afrenta."

Y le llamó José, como diciendo: "Añádame Yahveh otro hijo."» (Génesis, caps. 29 y 30)

Benjamín

Como vemos, están aquí once de los doce hijos de Jacob, antepasados legendarios de las doce tribus (aunque dos de ellas serán reemplazadas luego en las listas). El que falta es, precisamente, Benjamín, que nacerá como hijo del dolor de Raquel, que muere en el parto (Gn 35,16-20). En principio, nos cuenta el pequeño relato, la madre lo había llamado Ben-Oní, que significa «hijo de mi lamento», pero su padre le cambia el nombre por el de Ben-Jamín, que significa «hijo de mi diestra». Así explica el cambio el exégeta G. von Rad:

«Entre el nombre y sus portadores existía, según la creencia de los antiguos, un vínculo misterioso; el nombre podía determinar un destino (cfr. 1Sam 4,21), y a veces incluso someter a su portador a la tutela de otro dios (Dan 1,7). Así, el vers. 18 denota un pequeño drama, que se desarrolla en una dimensión espiritual que hoy resulta ajena a nosotros: Raquel, ya agónica, da al recién nacido un nombre que conmemora la temprana muerte de su madre y que pondría al hijo durante toda su vida bajo la sombra siniestra de aquella desgracia. Pero Jacob arranca al niño de tanta tiniebla que pretendía gravitar fatalmente sobre su vida recién comenzada. Le niega la existencia a ese nombre maléfico cambiándole el sentido. En el nombre de Benjamín, la raíz 'yamin' significa el punto cardinal que, si miramos hacia el Este, queda a nuestra derecha: es decir al Sur. Pues bien, según una concepción casi universal, el lado derecho es siempre de buen agüero.» ("El libro del Génesis", pág. 421).

Sin embargo, según alguna tradición que ha llegado a nosotros incompleta, mezclada en la historia de José que forma los últimos capítulos del Génesis, parece que Benjamín nació después de la partida de José como esclavo, porque efectivamente, cuando José es envidiado por sus hermanos se da por supuesto que no sólo es el último, sino el preferido de Jacob, lugar que ocupará luego Benjamín (ver Gn 37-50: historia de José). Benjamín vuelve a tener importancia en la narración ya avanzada la historia de José, en los capítulos 42 a 45, en los que precisamente pasa a ser el signo del reconocimiento de José con sus hermanos, y signo también del perdón con el que José recibe a toda su familia en Egipto.

Benjamín en la historia de Israel

Tal como procede la narrativa de la Biblia en sus libros "históricos", muchas veces inserta bloques de textos de distinta procedencia, y que aportan elementos desconocidos en otras partes del mismo libro. Efectivamente, en la «historia de José» se inserta un poema completamente independiente de esa historia, al que convencionalmente se llama «Bendiciones de Jacob» (Gn 49), quien en su lecho de muerte augura el futuro de sus hijos. Pues bien, en ese poema nos encontramos con otra visión sobre Benjamín, muy distinta al pequeño mimado de su padre que nos mostraba el cap. 42. Se dice sobre él: «Benjamín, lobo rapaz; de mañana devora su presa, y a la tarde reparte el despojo» (Gn 49,27).

Esta nueva mirada responde al papel que la tribu de Benjamín cumplió en una parte importante de la historia de Israel. Efectivamente, cuando el pueblo de Canaán fue conquistado por Israel (como señalé al inicio: en parte conquistado y en parte convertido a la fe yahvista), el territorio que se reclamó como tribu de Benjamín fue uno de los más pequeños, pero muy central: lindaba al sur con Judá, al oeste con Dan, el Norte con Efraín y Manasés, al este con los territorios transjordanos de Gad y Rubén. Esta posición central la convirtió en la llave estratégica de la unión -¡y de la desunión!- entre los distintos reclamos tribales, y por eso mismo, uno de los territorios más activos políticamente en los dos siglos que duró el asentamiento y acomodamiento de Israel, y que conocemos como «período de los Jueces», lamentablemente una de las épocas peor conocidas de la historia de Israel.

El territorio de Benjamín albergó en principio la venerada tumba de Raquel (aunque las tradiciones posteriores -según los nuevos vientos políticos- ubicarán dicha tumba en Belén de Judá), y uno de los santuarios tribales más importantes, el de Guilgal, centro de peregrinación y de decisiones políticas importantes en la era premonárquica. Y Benjamín será también la tribu en la que nacerá hacia fines del siglo XI un nuevo Israel: el Israel monárquico, con el rey Saúl, último Juez o primer Rey de Israel, según cómo se lo mire. No importa cuan malograda haya quedado finalmente su figura, cuando triunfe la estirpe de Judá, y todo el centro de la acción bíblica se desplace hacie el sur, hacia la Casa de David -que quedará finalmente como modelo del rey elegido por Dios-, lo cierto es que es en Benjamín, con Saúl, con quien Israel comienza ese gran cambio que la llevará de ser un conjunto de territorios y pueblos heterogéneos, vagamente implicados unos con otros en torno a una fe común, a ser un pueblo que puede hablar de sí mismo en singular, orgulloso de haber recibido en la historia el misterioso llamado a ser «el pueblo que Dios se eligió como heredad».

Bibliografía

La cuestión de las tribus es rica y compleja, como realidad abarca todo el período inicial de la historia de Israel, y como símbolo se extiende hasta el Nuevo Testamento, en el que los doce apóstoles son pensados sobre el molde del Israel inicial de doce tribus. Por esto la bibliografía es inmensa, aunque no siempre de la seriedad que cabe esperarse (hay en internet mucho disparate en torno a "lecturas místicas" sobre las tribus). Como sugerencia de lectura prefiero siempre, aunque más "secos" que otros autores, los clásicos de la historiografía de Israel, en especial la «Historia de Israel» de John Bright (ediciones DDB) o la «Historia Antigua de Israel» de R. De Vaux (ediciones Cristiandad, especialmente el tomo II); también puede consultarse, aunque lo trata, como es lógico, con mucho menor detalle, la pequeña «Historia de Israel» que se encuentra en el tomo V del Comentario Bíblico San Jerónimo (ed. Cristiandad, esp. pág 464-466). Hay entre los cuadernos bíblicos de Editorial Verbo Divino, siempre recomendables, varios que tocan tangencialmente la cuestión de la historia de las tribus; posiblemente el más pertinente sea el nº 99, «Los origenes de Israel», aunque también pueden consultarse los referidos al Pentateuco (13, 97, 106), al libro de los Jueces (125), el de la historia de José (130), y los demás vinculados a estos temas. Casi todo este material se consigue en pdf en nuestra Biblioteca, en la sección de Biblia.

Comentarios
por FHYDHJDJHTJ (i) (190.251.155.---) - mié , 23-oct-2013, 02:36:01

no me ayudo gracias

por edgar vasquez (i) (190.13.17.---) - mié , 09-jul-2014, 13:44:32

muchas bendiciones me ayudo muchisimo gracias

por Doris Rodriguez (i) (71.101.100.---) - mié , 01-abr-2015, 00:42:56

A mi me gusto y me parece que esta muy bien explicada, y se puede comprender y nos ayuda a enrriquecer nuestros conocimientos.

por Doris Rodriguez (i) (71.101.100.---) - mié , 01-abr-2015, 00:46:58

Dios los Bendiga, y derrame mucha Sabiduria e Inteligencia Espiritual.


por marisol (i) (190.113.211.---) - mar , 17-nov-2015, 01:13:37

A mi me ayudo bastante...gracias y que Dios los bendiga 😊

por WILFRIDO CASTRO BACA (i) (200.47.156.---) - dom , 24-ene-2016, 15:08:27

Interesante, buena esencia, y muy sabio. les bendigo en el nombre del Dios padre y Jesucristo nuestro Sr.

por PABLO DAVID LÓPEZ ALPÍREZ. (i) (190.148.0.---) - mar , 01-nov-2016, 21:03:39

HOLA, ME LLAMO PABLO DAVID, TENGO 11 AÑOS Y A MI UN PROFETA LLAMADO DAVID NAVARRO ME DIO PALABRA PROFÉTICA EN LA CUAL ME DIJO QUE YO HIBA SER UN BENJAMÍN Y UN SAMUEL, ESTABA CONFUNDIDO PORQUE EN ESE TIEMPO YO NO CONOCÍA A DIOS... PERO EN FIN NO SABÍA QUE HABÍAN HECHO ESTOS PERSONAJES POR ESO INVESTIGE Y ENCONTRE ESTA PÁGINA LA CUAL ME AYUDO MUCHO. MUCHAS GRACIAS AL QUE A LEIDO ESTE COMENTARIO Y QUE DIOS LO BENDIGA. ;)

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