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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde 2003
Novenas, triduos y otros
Novena al Espíritu Santo


 

NOVENA AL ESPÍRITU SANTO

** Día primero **
Por la señal, etc.
Ven, oh Santo Espíritu: llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
— Envía tu Espíritu, y las cosas serán creadas.
— Y renovarás la faz de la tierra.
Oración
Oh Dios, que con la claridad del Espíritu Santo iluminaste los corazones de los fieles; concédenos este mismo Espíritu para obrar con prudencia y rectitud, y gozar siempre de sus consuelos inefables. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Veni Creatur Spiritus
Ven, Espíritu Creador,
Visita las almas de tus fieles
Y llena de la divina gracia los corazones,
Que Tú mismo creaste.
Tú que eres el Paráclito
Llamado y don altísimo de Dios;
Fuente viva, y amor, y fuego ardiente,
Y espiritual unción.
Tú, septíforme en dádivas.
Tú, dedo de la diestra paternal;
Tú, promesa magnífica del Padre,
Que el torpe labio vienes a soltar;
Con tu luz iluminas los sentidos,
Los afectos inflaman con tu amor;
Con tu fuerza invencible corrobora
La corpórea flaqueza y corrupción.
Lejos expulsa al pérfido enemigo,
Envíanos tu paz;
Siendo Tú nuestro Guía,
Toda culpa logremos evitar;
Danos tu influjo a conocer al Padre,
Danos también al Hijo a conocer,
Y del uno y del otro, oh Santo Espíritu,
En Ti creamos con sincera fe.
Dios Padre alabanza, honor y gloria,
Con el Hijo que un día resucitó
De entre los muertos; y al feliz Paráclito
De siglos en la eterna sucesión.
Oración
Oh divino amor, oh lazo sagrado que unes al Padre y al Hijo, Espíritu Todopoderoso, consolador de los afligidos, penetra en los profundos abismos de mi corazón. Derrama tu refulgente luz sobre estos lugares incultos y tenebrosos, y envía tu dulce rocío a esta tierra desierta, para reparar su larga aridez. Envía los rayos celestiales de tu amor hasta el fondo más misterioso del hombre interior, a fin de que penetrando en él, enciendan el vivísimo fuego que consume toda debilidad y toda languidez. Ven, pues, ven, dulce consolador de las almas desoladas, refugio en los peligros y protector en las tribulaciones. Ven, Tú que lavas las almas de sus manchas y curas sus heridas. Ven, fuerza del débil y apoyo del que cae. Ven, doctor de los humildes y vencedor de los orgullosos. Ven, padre de los huérfanos, esperanza del pobre y vida del que comenzaban a languidecer. Ven, estrella de los navegantes y puerto de los náufragos. Ven, fuerza de los vivos y última esperanza de los que van a morir. Ven, oh Espíritu Santo. Ven, y ten misericordia de mí. Dispón de tal suerte mi alma y condesciende con mi debilidad con tanta dulzura, que mi pequeñez encuentre gracia delante de tu grandeza infinita; mi impotencia delante de tu fuerza, y mis ofensas delante de la multitud de tus misericordias; por Nuestro Señor Jesucristo mi Salvador, que con el Padre vive y reina en tu unidad por todos los siglos de los siglos. Amén.
(San Agustín, Meditaciones, IX)
Meditación del día
¿Qué debo hacer para hallarte, Dios mío?
¿Qué debo hacer para hallarte, oh Dios mío, a Ti que eres mi verdadera vida? Buscarte a Ti es buscar la vida bienaventurada. Plegue a tu misericordia inspirarme el deseo de buscarte siempre, porque, así como mi alma es la vida de mi cuerpo del mismo modo Tú, Señor, eres la vida de mi alma.
Oh, verdad, luz de mi corazón, sé tú la que me conduzca, y no mi propio espíritu, que no es más que tinieblas. Me he dejado arrastrar al torrente de las cosas que pasan, y pronto se halló mi inteligencia cubierta de una profunda noche. Mas en este estado de oscuridad no he dejado de amarte; en mi extravío me he acordado al fin de Ti. He oído a lo lejos, tu voz que me llamaba. Apenas ¡ay! la he oído, a causa del ruido que mis pecados hacían en mi corazón. Sin embargo, la seguí al fin, y heme que vuelvo fatigado, sediento y jadeando a la fuente vivificante que eres Tú mismo. ¡Haz que nadie me impida apagar la sed en esas aguas celestiales! Que beba en ellas para recobrar la vida; porque lejos de Ti hallé la muerte. Yo no puedo vivir sino en Ti solo, ¡oh Dios mío!
(San Agustín, Confesiones)
Veni, Sancte Spiritus
Ven, oh Santo Espíritu,
y del alto empíreo
Un rayo de tu luz dígnate enviar;
Ven, dador de dádivas,
Padre de los míseros,
Ven, nuestros corazones a inflamar.
Huésped de las almas,
Dulce refrigerio,
Optimo y eficaz consolador;
Bálsamo en el llanto,
Tregua en la fatiga,
Plácida sombra en festival ardor.
Oh luz dichosísima!
Llena lo mas íntimo
De las entrañas en tu pueblo fiel;
Pues nada en el hombre,
Sin tu excelso numen,
inculpable ni justo puede haber.
Lava allí lo sórdido;
Riega lo que es árido;
Sana lo que sufrió golpe mortal;
Dobla ya lo rígido;
Arda al fin lo gélido;
Lo descarriado ven a gobernar.
Calma aquí a tus fieles,
Los que en Ti confían,
De tu sagrado septenario don;
Dales gracias y mérito;
Dales feliz éxito.
Y el celestial eterno galardón.
Oración al Espíritu Santo
Espíritu Santo, Tú que me aclaras todo, que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal. Tú que me das el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estás conmigo, yo quiero en este corto diálogo agradecerte por todo y confirmar una vez más que nunca quiero separarme de Ti, por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua.
Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Amén.
El Magnificat
Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu ha saltado de regocijo en Dios mi Salvador.
Porque ha mirado la humildad de su sierva, y he aquí que ya todas las generaciones me llamarán bienaventurada.
Porque el que es omnipotente ha hecho en mí grandes cosas; y su nombre es santo.
Y su misericordia se propaga de edad en edad sobre todos los que le temen.
El desplegó la fuerza de su brazo; disipó los designios que los soberbios formaban en su corazón.
Derribó a los poderosos y ensalzó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos; y a los ricos despidió sin cosa alguna.
Levantó a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia.
Según había prometido a nuestros padres Abraham y su descendencia, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración a Nuestra Señora
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido abandonado. Animado de esta confianza, oh Virgen de las Vírgenes, vengo a Ti. Gimiendo bajo el peso de mis pecados me postro a tus plantas. No desprecies mis oraciones, oh Madre del Verbo, sino escúchalas y dígnate acogerlas favorablemente.
Siete Padrenuestros, con Avemarías y la Gloria, para alcanzar los dones del Espíritu Santo.

NOVENA AL ESPÍRITU SANTO

** Día segundo **
Por la señal, etc.
Ven, oh Santo Espíritu: llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
— Envía tu Espíritu, y las cosas serán creadas.
— Y renovarás la faz de la tierra.
Oración
Oh Dios, que con la claridad del Espíritu Santo iluminaste los corazones de los fieles; concédenos este mismo Espíritu para obrar con prudencia y rectitud, y gozar siempre de sus consuelos inefables. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Veni Creatur Spiritus
Ven, Espíritu Creador,
Visita las almas de tus fieles
Y llena de la divina gracia los corazones,
Que Tú mismo creaste.
Tú que eres el Paráclito
Llamado y don altísimo de Dios;
Fuente viva, y amor, y fuego ardiente,
Y espiritual unción.
Tú, septíforme en dádivas.
Tú, dedo de la diestra paternal;
Tú, promesa magnífica del Padre,
Que el torpe labio vienes a soltar;
Con tu luz iluminas los sentidos,
Los afectos inflaman con tu amor;
Con tu fuerza invencible corrobora
La corpórea flaqueza y corrupción.
Lejos expulsa al pérfido enemigo,
Envíanos tu paz;
Siendo Tú nuestro Guía,
Toda culpa logremos evitar;
Danos tu influjo a conocer al Padre,
Danos también al Hijo a conocer,
Y del uno y del otro, oh Santo Espíritu,
En Ti creamos con sincera fe.
Dios Padre alabanza, honor y gloria,
Con el Hijo que un día resucitó
De entre los muertos; y al feliz Paráclito
De siglos en la eterna sucesión.
Oración
Oh divino amor, oh lazo sagrado que unes al Padre y al Hijo, Espíritu Todopoderoso, consolador de los afligidos, penetra en los profundos abismos de mi corazón. Derrama tu refulgente luz sobre estos lugares incultos y tenebrosos, y envía tu dulce rocío a esta tierra desierta, para reparar su larga aridez. Envía los rayos celestiales de tu amor hasta el fondo más misterioso del hombre interior, a fin de que penetrando en él, enciendan el vivísimo fuego que consume toda debilidad y toda languidez. Ven, pues, ven, dulce consolador de las almas desoladas, refugio en los peligros y protector en las tribulaciones. Ven, Tú que lavas las almas de sus manchas y curas sus heridas. Ven, fuerza del débil y apoyo del que cae. Ven, doctor de los humildes y vencedor de los orgullosos. Ven, padre de los huérfanos, esperanza del pobre y vida del que comenzaban a languidecer. Ven, estrella de los navegantes y puerto de los náufragos. Ven, fuerza de los vivos y última esperanza de los que van a morir. Ven, oh Espíritu Santo. Ven, y ten misericordia de mí. Dispón de tal suerte mi alma y condesciende con mi debilidad con tanta dulzura, que mi pequeñez encuentre gracia delante de tu grandeza infinita; mi impotencia delante de tu fuerza, y mis ofensas delante de la multitud de tus misericordias; por Nuestro Señor Jesucristo mi Salvador, que con el Padre vive y reina en tu unidad por todos los siglos de los siglos. Amén.
(San Agustín, Meditaciones, IX)
Meditación del día
Señor, abre mis ojos
Oh Luz que veía Tobías, cuando con los ojos cerrados mostraba a su hijo el camino de la vida inmortal; Luz que veía Isaac en el fondo de su corazón, cuando oscurecidos los ojos del cuerpo, contaba a su hijo las cosas futuras; Luz que veía a Jacob, cuando, instruido interiormente, predecía a sus hijos las cosas del porvenir; Luz invisible, para la que están descubiertos los abismos de corazón. Yo sé que las tinieblas se esparcen por las profundidades de mi inteligencia; pero Tú eres Luz. Yo sé que espesa oscuridad se levanta sobre las aguas de mi corazón, pero Tú eres Verdad.

¡Oh Luz venturosa! Tú no puedes ser vista sino de los corazones puros. "Bienaventurados los corazones puros, porque verán a Dios" (Mt 5). Lávame, virtud purificador; cura mis ojos, a fin de que pueda contemplarte. Esplendor inaccesible, has que un rayo de luz eche abajo las escamas de mi antigua ceguedad. Te doy gracias, oh Dios, porque ya veo: dilata mi vista, Señor, dilátala en Ti. Corre el velo a mis ojos para que conozca las maravillas de tu Ley!

Gracias te sean dadas, oh Luz mía, porque ya veo, aunque todavía como en un espejo, ven enigma. ¿Cuándo te veré frente a frente? ¿Cuando vendrá ese día de alegría y de gloria, en que entre en tu admirable santuario, en que sea saciado mi deseo, y vea al que siempre me ha visto?
(San Agustín, Soliloquios)
Veni, Sancte Spiritus
Ven, oh Santo Espíritu,
y del alto empíreo
Un rayo de tu luz dígnate enviar;
Ven, dador de dádivas,
Padre de los míseros,
Ven, nuestros corazones a inflamar.
Huésped de las almas,
Dulce refrigerio,
Optimo y eficaz consolador;
Bálsamo en el llanto,
Tregua en la fatiga,
Plácida sombra en festival ardor.
Oh luz dichosísima!
Llena lo mas íntimo
De las entrañas en tu pueblo fiel;
Pues nada en el hombre,
Sin tu excelso numen,
inculpable ni justo puede haber.
Lava allí lo sórdido;
Riega lo que es árido;
Sana lo que sufrió golpe mortal;
Dobla ya lo rígido;
Arda al fin lo gélido;
Lo descarriado ven a gobernar.
Calma aquí a tus fieles,
Los que en Ti confían,
De tu sagrado septenario don;
Dales gracias y mérito;
Dales feliz éxito.
Y el celestial eterno galardón.
Oración al Espíritu Santo
Espíritu Santo, Tú que me aclaras todo, que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal. Tú que me das el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estás conmigo, yo quiero en este corto diálogo agradecerte por todo y confirmar una vez más que nunca quiero separarme de Ti, por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua.
Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Amén.
El Magnificat
Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu ha saltado de regocijo en Dios mi Salvador.
Porque ha mirado la humildad de su sierva, y he aquí que ya todas las generaciones me llamarán bienaventurada.
Porque el que es omnipotente ha hecho en mí grandes cosas; y su nombre es santo.
Y su misericordia se propaga de edad en edad sobre todos los que le temen.
El desplegó la fuerza de su brazo; disipó los designios que los soberbios formaban en su corazón.
Derribó a los poderosos y ensalzó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos; y a los ricos despidió sin cosa alguna.
Levantó a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia.
Según había prometido a nuestros padres Abraham y su descendencia, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración a Nuestra Señora
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido abandonado. Animado de esta confianza, oh Virgen de las Vírgenes, vengo a Ti. Gimiendo bajo el peso de mis pecados me postro a tus plantas. No desprecies mis oraciones, oh Madre del Verbo, sino escúchalas y dígnate acogerlas favorablemente.
Siete Padrenuestros, con Avemarías y la Gloria, para alcanzar los dones del Espíritu Santo.
NOVENA AL ESPÍRITU SANTO

** Día tercero **
Por la señal, etc.
Ven, oh Santo Espíritu: llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
— Envía tu Espíritu, y las cosas serán creadas.
— Y renovarás la faz de la tierra.
Oración
Oh Dios, que con la claridad del Espíritu Santo iluminaste los corazones de los fieles; concédenos este mismo Espíritu para obrar con prudencia y rectitud, y gozar siempre de sus consuelos inefables. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Veni Creatur Spiritus
Ven, Espíritu Creador,
Visita las almas de tus fieles
Y llena de la divina gracia los corazones,
Que Tú mismo creaste.
Tú que eres el Paráclito
Llamado y don altísimo de Dios;
Fuente viva, y amor, y fuego ardiente,
Y espiritual unción.
Tú, septíforme en dádivas.
Tú, dedo de la diestra paternal;
Tú, promesa magnífica del Padre,
Que el torpe labio vienes a soltar;
Con tu luz iluminas los sentidos,
Los afectos inflaman con tu amor;
Con tu fuerza invencible corrobora
La corpórea flaqueza y corrupción.
Lejos expulsa al pérfido enemigo,
Envíanos tu paz;
Siendo Tú nuestro Guía,
Toda culpa logremos evitar;
Danos tu influjo a conocer al Padre,
Danos también al Hijo a conocer,
Y del uno y del otro, oh Santo Espíritu,
En Ti creamos con sincera fe.
Dios Padre alabanza, honor y gloria,
Con el Hijo que un día resucitó
De entre los muertos; y al feliz Paráclito
De siglos en la eterna sucesión.
Oración
Oh divino amor, oh lazo sagrado que unes al Padre y al Hijo, Espíritu Todopoderoso, consolador de los afligidos, penetra en los profundos abismos de mi corazón. Derrama tu refulgente luz sobre estos lugares incultos y tenebrosos, y envía tu dulce rocío a esta tierra desierta, para reparar su larga aridez. Envía los rayos celestiales de tu amor hasta el fondo más misterioso del hombre interior, a fin de que penetrando en él, enciendan el vivísimo fuego que consume toda debilidad y toda languidez. Ven, pues, ven, dulce consolador de las almas desoladas, refugio en los peligros y protector en las tribulaciones. Ven, Tú que lavas las almas de sus manchas y curas sus heridas. Ven, fuerza del débil y apoyo del que cae. Ven, doctor de los humildes y vencedor de los orgullosos. Ven, padre de los huérfanos, esperanza del pobre y vida del que comenzaban a languidecer. Ven, estrella de los navegantes y puerto de los náufragos. Ven, fuerza de los vivos y última esperanza de los que van a morir. Ven, oh Espíritu Santo. Ven, y ten misericordia de mí. Dispón de tal suerte mi alma y condesciende con mi debilidad con tanta dulzura, que mi pequeñez encuentre gracia delante de tu grandeza infinita; mi impotencia delante de tu fuerza, y mis ofensas delante de la multitud de tus misericordias; por Nuestro Señor Jesucristo mi Salvador, que con el Padre vive y reina en tu unidad por todos los siglos de los siglos. Amén.
(San Agustín, Meditaciones, IX)
Meditación del día
Quiero conocerte, oh Dios mío
Quiero conocerte, oh Dios mío, a Ti que me conoces hasta el fondo de mi corazón. Quiero conocerte, fuerza de mi alma. Muéstrate a mí, consolador mío; ven, plenitud de mi espíritu; quiero verte, luz de mis ojos; quiero hallarte, supremo objeto de mi deseo; quiero poseerte, amor de mi vida, ¡eterna belleza! ¡Consérvete siempre en el fondo de mi corazón, vida bienaventurada y soberana dulzura! ¡Haz que te ame, Dios mío, Creador y refugio mío, dulce esperanza mía en todos mis males! Goce yo de Ti, perfección divina, sin la cual nada hay perfecto. Abre las profundidades de mi oído a tu "palabra, más penetrante que una espada cortante." (Heb, 4); y haz que oiga tu voz. Alumbra mis ojos, luz incomprensible, a fin de que deslumbrados con el brillo de tu gloria; no puedan ya ver las vanidades.

Dame, Señor, un corazón que piense en Ti; un alma que te ame; un espíritu que se acuerde de tus maravillas; una inteligencia que te comprenda; una razón que esté siempre adherida fuertemente a Ti. Oh vida, por quien todo respira; vida que me das el ser; vida quieres mi vida, sin la cual yo muero, sin la cual caigo en la aflicción; vida dulce, vida suave, vida siempre presente a mi memoria, ¿dónde estás? ¿Dónde te hallaré, para que me deje a mi mismo y no viva más que en Ti?
(San Agustín. Soliloquios, Capítulo 1)
Veni, Sancte Spiritus
Ven, oh Santo Espíritu,
y del alto empíreo
Un rayo de tu luz dígnate enviar;
Ven, dador de dádivas,
Padre de los míseros,
Ven, nuestros corazones a inflamar.
Huésped de las almas,
Dulce refrigerio,
Optimo y eficaz consolador;
Bálsamo en el llanto,
Tregua en la fatiga,
Plácida sombra en festival ardor.
Oh luz dichosísima!
Llena lo mas íntimo
De las entrañas en tu pueblo fiel;
Pues nada en el hombre,
Sin tu excelso numen,
inculpable ni justo puede haber.
Lava allí lo sórdido;
Riega lo que es árido;
Sana lo que sufrió golpe mortal;
Dobla ya lo rígido;
Arda al fin lo gélido;
Lo descarriado ven a gobernar.
Calma aquí a tus fieles,
Los que en Ti confían,
De tu sagrado septenario don;
Dales gracias y mérito;
Dales feliz éxito.
Y el celestial eterno galardón.
Oración al Espíritu Santo
Espíritu Santo, Tú que me aclaras todo, que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal. Tú que me das el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estás conmigo, yo quiero en este corto diálogo agradecerte por todo y confirmar una vez más que nunca quiero separarme de Ti, por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua.
Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Amén.
El Magnificat
Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu ha saltado de regocijo en Dios mi Salvador.
Porque ha mirado la humildad de su sierva, y he aquí que ya todas las generaciones me llamarán bienaventurada.
Porque el que es omnipotente ha hecho en mí grandes cosas; y su nombre es santo.
Y su misericordia se propaga de edad en edad sobre todos los que le temen.
El desplegó la fuerza de su brazo; disipó los designios que los soberbios formaban en su corazón.
Derribó a los poderosos y ensalzó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos; y a los ricos despidió sin cosa alguna.
Levantó a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia.
Según había prometido a nuestros padres Abraham y su descendencia, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración a Nuestra Señora
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido abandonado. Animado de esta confianza, oh Virgen de las Vírgenes, vengo a Ti. Gimiendo bajo el peso de mis pecados me postro a tus plantas. No desprecies mis oraciones, oh Madre del Verbo, sino escúchalas y dígnate acogerlas favorablemente.
Siete Padrenuestros, con Avemarías y la Gloria, para alcanzar los dones del Espíritu Santo.
NOVENA AL ESPÍRITU SANTO

** Día cuarto **
Por la señal, etc.
Ven, oh Santo Espíritu: llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
— Envía tu Espíritu, y las cosas serán creadas.
— Y renovarás la faz de la tierra.
Oración
Oh Dios, que con la claridad del Espíritu Santo iluminaste los corazones de los fieles; concédenos este mismo Espíritu para obrar con prudencia y rectitud, y gozar siempre de sus consuelos inefables. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Veni Creatur Spiritus
Ven, Espíritu Creador,
Visita las almas de tus fieles
Y llena de la divina gracia los corazones,
Que Tú mismo creaste.
Tú que eres el Paráclito
Llamado y don altísimo de Dios;
Fuente viva, y amor, y fuego ardiente,
Y espiritual unción.
Tú, septíforme en dádivas.
Tú, dedo de la diestra paternal;
Tú, promesa magnífica del Padre,
Que el torpe labio vienes a soltar;
Con tu luz iluminas los sentidos,
Los afectos inflaman con tu amor;
Con tu fuerza invencible corrobora
La corpórea flaqueza y corrupción.
Lejos expulsa al pérfido enemigo,
Envíanos tu paz;
Siendo Tú nuestro Guía,
Toda culpa logremos evitar;
Danos tu influjo a conocer al Padre,
Danos también al Hijo a conocer,
Y del uno y del otro, oh Santo Espíritu,
En Ti creamos con sincera fe.
Dios Padre alabanza, honor y gloria,
Con el Hijo que un día resucitó
De entre los muertos; y al feliz Paráclito
De siglos en la eterna sucesión.
Oración
Oh divino amor, oh lazo sagrado que unes al Padre y al Hijo, Espíritu Todopoderoso, consolador de los afligidos, penetra en los profundos abismos de mi corazón. Derrama tu refulgente luz sobre estos lugares incultos y tenebrosos, y envía tu dulce rocío a esta tierra desierta, para reparar su larga aridez. Envía los rayos celestiales de tu amor hasta el fondo más misterioso del hombre interior, a fin de que penetrando en él, enciendan el vivísimo fuego que consume toda debilidad y toda languidez. Ven, pues, ven, dulce consolador de las almas desoladas, refugio en los peligros y protector en las tribulaciones. Ven, Tú que lavas las almas de sus manchas y curas sus heridas. Ven, fuerza del débil y apoyo del que cae. Ven, doctor de los humildes y vencedor de los orgullosos. Ven, padre de los huérfanos, esperanza del pobre y vida del que comenzaban a languidecer. Ven, estrella de los navegantes y puerto de los náufragos. Ven, fuerza de los vivos y última esperanza de los que van a morir. Ven, oh Espíritu Santo. Ven, y ten misericordia de mí. Dispón de tal suerte mi alma y condesciende con mi debilidad con tanta dulzura, que mi pequeñez encuentre gracia delante de tu grandeza infinita; mi impotencia delante de tu fuerza, y mis ofensas delante de la multitud de tus misericordias; por Nuestro Señor Jesucristo mi Salvador, que con el Padre vive y reina en tu unidad por todos los siglos de los siglos. Amén.
(San Agustín, Meditaciones, IX)
Meditación del día
Te he amado demasiado tarde
Te he amado demasiado tarde, belleza siempre antigua y siempre nueva: te he amado demasiado tarde. Tú estabas dentro, y yo fuera; y aquí era donde te buscaba. Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo; y tus obras que sin Ti no habrían existido, me retenían lejos de ti. Daba vueltas alrededor de ellas buscándote; pero deslumbrado por ellas me olvidaba de mí mismo. Pregunté a la tierra si era mi Dios y me respondió que no; y todos los seres que están en ella, me hicieron la misma confesión. Interrogué a todas las criaturas y me respondieron: nosotras no somos tu Dios: búscale sobre nosotras. Y volví a mí; entré dentro de mí mismo y me dije: ¿y tú quién eres? Yo me respondí: soy un hombre racional y mortal.

Y comencé a discurrir lo que esto significa. Profundicé desde más cerca la naturaleza del hombre y dije: ¿de dónde viene tal ser? Señor, mi Dios, ¿de dónde viene, sino de Ti? Tú eres quien me has formado a mí mismo. ¿Quién eres Tú, por quien todo vive, Tú, por quien yo vivo?

¿Quién eres Tú, mi Señor y mi Dios, único poderoso, único eterno, incomprensible, inmenso, que siempre vives y en quien nada muere?

¿Quién eres Tú, y qué eres para mí? Dilo, oh misericordia mía, dilo a tu pobre siervo. Dilo en nombre de tu bondad: ¿qué eres Tú para mí? Di a mi alma: Yo soy tu salud. No me ocultes tu rostro, no sea que muera. Déjame dirigirme a tu clemencia, a mí que no soy más que tierra y ceniza.

Déjame hablar a tu misericordia, pues ella ha sido grande sobre mí. Dime, responde, oh misericordia mía, en nombre de tus bondades, ¿qué eres Tú para mí? Y he aquí que has hecho resonar una gran voz en el fondo de mi corazón y has roto mi sordera. Me has iluminado y he visto tu luz y he comprendido que eres mi Dios; he aquí por qué te he conocido. Sí te he conocido y he sabido que eres mi Dios. He creído que eres el verdadero Dios y el que has enviado es el Cristo. Malaya el tiempo en que no te conocí; malaya esa ceguedad que me impedía verte; malaya esa sordera en la que no te oía; malaya el tiempo en que no te he amado. Te he amado demasiado tarde, oh belleza siempre antigua y siempre nueva. ¡Te he amado demasiado tarde!
(San Agustín, Soliloquios. Confesiones)
Veni, Sancte Spiritus
Ven, oh Santo Espíritu,
y del alto empíreo
Un rayo de tu luz dígnate enviar;
Ven, dador de dádivas,
Padre de los míseros,
Ven, nuestros corazones a inflamar.
Huésped de las almas,
Dulce refrigerio,
Optimo y eficaz consolador;
Bálsamo en el llanto,
Tregua en la fatiga,
Plácida sombra en festival ardor.
Oh luz dichosísima!
Llena lo mas íntimo
De las entrañas en tu pueblo fiel;
Pues nada en el hombre,
Sin tu excelso numen,
inculpable ni justo puede haber.
Lava allí lo sórdido;
Riega lo que es árido;
Sana lo que sufrió golpe mortal;
Dobla ya lo rígido;
Arda al fin lo gélido;
Lo descarriado ven a gobernar.
Calma aquí a tus fieles,
Los que en Ti confían,
De tu sagrado septenario don;
Dales gracias y mérito;
Dales feliz éxito.
Y el celestial eterno galardón.
Oración al Espíritu Santo
Espíritu Santo, Tú que me aclaras todo, que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal. Tú que me das el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estás conmigo, yo quiero en este corto diálogo agradecerte por todo y confirmar una vez más que nunca quiero separarme de Ti, por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua.
Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Amén.
El Magnificat
Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu ha saltado de regocijo en Dios mi Salvador.
Porque ha mirado la humildad de su sierva, y he aquí que ya todas las generaciones me llamarán bienaventurada.
Porque el que es omnipotente ha hecho en mí grandes cosas; y su nombre es santo.
Y su misericordia se propaga de edad en edad sobre todos los que le temen.
El desplegó la fuerza de su brazo; disipó los designios que los soberbios formaban en su corazón.
Derribó a los poderosos y ensalzó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos; y a los ricos despidió sin cosa alguna.
Levantó a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia.
Según había prometido a nuestros padres Abraham y su descendencia, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración a Nuestra Señora
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido abandonado. Animado de esta confianza, oh Virgen de las Vírgenes, vengo a Ti. Gimiendo bajo el peso de mis pecados me postro a tus plantas. No desprecies mis oraciones, oh Madre del Verbo, sino escúchalas y dígnate acogerlas favorablemente.
Siete Padrenuestros, con Avemarías y la Gloria, para alcanzar los dones del Espíritu Santo.
NOVENA AL ESPÍRITU SANTO

** Día cuarto **
Por la señal, etc.
Ven, oh Santo Espíritu: llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
— Envía tu Espíritu, y las cosas serán creadas.
— Y renovarás la faz de la tierra.
Oración
Oh Dios, que con la claridad del Espíritu Santo iluminaste los corazones de los fieles; concédenos este mismo Espíritu para obrar con prudencia y rectitud, y gozar siempre de sus consuelos inefables. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Veni Creatur Spiritus
Ven, Espíritu Creador,
Visita las almas de tus fieles
Y llena de la divina gracia los corazones,
Que Tú mismo creaste.
Tú que eres el Paráclito
Llamado y don altísimo de Dios;
Fuente viva, y amor, y fuego ardiente,
Y espiritual unción.
Tú, septíforme en dádivas.
Tú, dedo de la diestra paternal;
Tú, promesa magnífica del Padre,
Que el torpe labio vienes a soltar;
Con tu luz iluminas los sentidos,
Los afectos inflaman con tu amor;
Con tu fuerza invencible corrobora
La corpórea flaqueza y corrupción.
Lejos expulsa al pérfido enemigo,
Envíanos tu paz;
Siendo Tú nuestro Guía,
Toda culpa logremos evitar;
Danos tu influjo a conocer al Padre,
Danos también al Hijo a conocer,
Y del uno y del otro, oh Santo Espíritu,
En Ti creamos con sincera fe.
Dios Padre alabanza, honor y gloria,
Con el Hijo que un día resucitó
De entre los muertos; y al feliz Paráclito
De siglos en la eterna sucesión.
Oración
Oh divino amor, oh lazo sagrado que unes al Padre y al Hijo, Espíritu Todopoderoso, consolador de los afligidos, penetra en los profundos abismos de mi corazón. Derrama tu refulgente luz sobre estos lugares incultos y tenebrosos, y envía tu dulce rocío a esta tierra desierta, para reparar su larga aridez. Envía los rayos celestiales de tu amor hasta el fondo más misterioso del hombre interior, a fin de que penetrando en él, enciendan el vivísimo fuego que consume toda debilidad y toda languidez. Ven, pues, ven, dulce consolador de las almas desoladas, refugio en los peligros y protector en las tribulaciones. Ven, Tú que lavas las almas de sus manchas y curas sus heridas. Ven, fuerza del débil y apoyo del que cae. Ven, doctor de los humildes y vencedor de los orgullosos. Ven, padre de los huérfanos, esperanza del pobre y vida del que comenzaban a languidecer. Ven, estrella de los navegantes y puerto de los náufragos. Ven, fuerza de los vivos y última esperanza de los que van a morir. Ven, oh Espíritu Santo. Ven, y ten misericordia de mí. Dispón de tal suerte mi alma y condesciende con mi debilidad con tanta dulzura, que mi pequeñez encuentre gracia delante de tu grandeza infinita; mi impotencia delante de tu fuerza, y mis ofensas delante de la multitud de tus misericordias; por Nuestro Señor Jesucristo mi Salvador, que con el Padre vive y reina en tu unidad por todos los siglos de los siglos. Amén.
(San Agustín, Meditaciones, IX)
Meditación del día
Te he amado demasiado tarde
Te he amado demasiado tarde, belleza siempre antigua y siempre nueva: te he amado demasiado tarde. Tú estabas dentro, y yo fuera; y aquí era donde te buscaba. Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo; y tus obras que sin Ti no habrían existido, me retenían lejos de ti. Daba vueltas alrededor de ellas buscándote; pero deslumbrado por ellas me olvidaba de mí mismo. Pregunté a la tierra si era mi Dios y me respondió que no; y todos los seres que están en ella, me hicieron la misma confesión. Interrogué a todas las criaturas y me respondieron: nosotras no somos tu Dios: búscale sobre nosotras. Y volví a mí; entré dentro de mí mismo y me dije: ¿y tú quién eres? Yo me respondí: soy un hombre racional y mortal.

Y comencé a discurrir lo que esto significa. Profundicé desde más cerca la naturaleza del hombre y dije: ¿de dónde viene tal ser? Señor, mi Dios, ¿de dónde viene, sino de Ti? Tú eres quien me has formado a mí mismo. ¿Quién eres Tú, por quien todo vive, Tú, por quien yo vivo?

¿Quién eres Tú, mi Señor y mi Dios, único poderoso, único eterno, incomprensible, inmenso, que siempre vives y en quien nada muere?

¿Quién eres Tú, y qué eres para mí? Dilo, oh misericordia mía, dilo a tu pobre siervo. Dilo en nombre de tu bondad: ¿qué eres Tú para mí? Di a mi alma: Yo soy tu salud. No me ocultes tu rostro, no sea que muera. Déjame dirigirme a tu clemencia, a mí que no soy más que tierra y ceniza.

Déjame hablar a tu misericordia, pues ella ha sido grande sobre mí. Dime, responde, oh misericordia mía, en nombre de tus bondades, ¿qué eres Tú para mí? Y he aquí que has hecho resonar una gran voz en el fondo de mi corazón y has roto mi sordera. Me has iluminado y he visto tu luz y he comprendido que eres mi Dios; he aquí por qué te he conocido. Sí te he conocido y he sabido que eres mi Dios. He creído que eres el verdadero Dios y el que has enviado es el Cristo. Malaya el tiempo en que no te conocí; malaya esa ceguedad que me impedía verte; malaya esa sordera en la que no te oía; malaya el tiempo en que no te he amado. Te he amado demasiado tarde, oh belleza siempre antigua y siempre nueva. ¡Te he amado demasiado tarde!
(San Agustín, Soliloquios. Confesiones)
Veni, Sancte Spiritus
Ven, oh Santo Espíritu,
y del alto empíreo
Un rayo de tu luz dígnate enviar;
Ven, dador de dádivas,
Padre de los míseros,
Ven, nuestros corazones a inflamar.
Huésped de las almas,
Dulce refrigerio,
Optimo y eficaz consolador;
Bálsamo en el llanto,
Tregua en la fatiga,
Plácida sombra en festival ardor.
Oh luz dichosísima!
Llena lo mas íntimo
De las entrañas en tu pueblo fiel;
Pues nada en el hombre,
Sin tu excelso numen,
inculpable ni justo puede haber.
Lava allí lo sórdido;
Riega lo que es árido;
Sana lo que sufrió golpe mortal;
Dobla ya lo rígido;
Arda al fin lo gélido;
Lo descarriado ven a gobernar.
Calma aquí a tus fieles,
Los que en Ti confían,
De tu sagrado septenario don;
Dales gracias y mérito;
Dales feliz éxito.
Y el celestial eterno galardón.
Oración al Espíritu Santo
Espíritu Santo, Tú que me aclaras todo, que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal. Tú que me das el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estás conmigo, yo quiero en este corto diálogo agradecerte por todo y confirmar una vez más que nunca quiero separarme de Ti, por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua.
Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Amén.
El Magnificat
Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu ha saltado de regocijo en Dios mi Salvador.
Porque ha mirado la humildad de su sierva, y he aquí que ya todas las generaciones me llamarán bienaventurada.
Porque el que es omnipotente ha hecho en mí grandes cosas; y su nombre es santo.
Y su misericordia se propaga de edad en edad sobre todos los que le temen.
El desplegó la fuerza de su brazo; disipó los designios que los soberbios formaban en su corazón.
Derribó a los poderosos y ensalzó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos; y a los ricos despidió sin cosa alguna.
Levantó a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia.
Según había prometido a nuestros padres Abraham y su descendencia, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración a Nuestra Señora
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido abandonado. Animado de esta confianza, oh Virgen de las Vírgenes, vengo a Ti. Gimiendo bajo el peso de mis pecados me postro a tus plantas. No desprecies mis oraciones, oh Madre del Verbo, sino escúchalas y dígnate acogerlas favorablemente.
Siete Padrenuestros, con Avemarías y la Gloria, para alcanzar los dones del Espíritu Santo.
NOVENA AL ESPÍRITU SANTO

** Día quinto **
Por la señal, etc.
Ven, oh Santo Espíritu: llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
— Envía tu Espíritu, y las cosas serán creadas.
— Y renovarás la faz de la tierra.
Oración
Oh Dios, que con la claridad del Espíritu Santo iluminaste los corazones de los fieles; concédenos este mismo Espíritu para obrar con prudencia y rectitud, y gozar siempre de sus consuelos inefables. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Veni Creatur Spiritus
Ven, Espíritu Creador,
Visita las almas de tus fieles
Y llena de la divina gracia los corazones,
Que Tú mismo creaste.
Tú que eres el Paráclito
Llamado y don altísimo de Dios;
Fuente viva, y amor, y fuego ardiente,
Y espiritual unción.
Tú, septíforme en dádivas.
Tú, dedo de la diestra paternal;
Tú, promesa magnífica del Padre,
Que el torpe labio vienes a soltar;
Con tu luz iluminas los sentidos,
Los afectos inflaman con tu amor;
Con tu fuerza invencible corrobora
La corpórea flaqueza y corrupción.
Lejos expulsa al pérfido enemigo,
Envíanos tu paz;
Siendo Tú nuestro Guía,
Toda culpa logremos evitar;
Danos tu influjo a conocer al Padre,
Danos también al Hijo a conocer,
Y del uno y del otro, oh Santo Espíritu,
En Ti creamos con sincera fe.
Dios Padre alabanza, honor y gloria,
Con el Hijo que un día resucitó
De entre los muertos; y al feliz Paráclito
De siglos en la eterna sucesión.
Oración
Oh divino amor, oh lazo sagrado que unes al Padre y al Hijo, Espíritu Todopoderoso, consolador de los afligidos, penetra en los profundos abismos de mi corazón. Derrama tu refulgente luz sobre estos lugares incultos y tenebrosos, y envía tu dulce rocío a esta tierra desierta, para reparar su larga aridez. Envía los rayos celestiales de tu amor hasta el fondo más misterioso del hombre interior, a fin de que penetrando en él, enciendan el vivísimo fuego que consume toda debilidad y toda languidez. Ven, pues, ven, dulce consolador de las almas desoladas, refugio en los peligros y protector en las tribulaciones. Ven, Tú que lavas las almas de sus manchas y curas sus heridas. Ven, fuerza del débil y apoyo del que cae. Ven, doctor de los humildes y vencedor de los orgullosos. Ven, padre de los huérfanos, esperanza del pobre y vida del que comenzaban a languidecer. Ven, estrella de los navegantes y puerto de los náufragos. Ven, fuerza de los vivos y última esperanza de los que van a morir. Ven, oh Espíritu Santo. Ven, y ten misericordia de mí. Dispón de tal suerte mi alma y condesciende con mi debilidad con tanta dulzura, que mi pequeñez encuentre gracia delante de tu grandeza infinita; mi impotencia delante de tu fuerza, y mis ofensas delante de la multitud de tus misericordias; por Nuestro Señor Jesucristo mi Salvador, que con el Padre vive y reina en tu unidad por todos los siglos de los siglos. Amén.
(San Agustín, Meditaciones, IX)
Meditación del día
Mora con nostros, Señor
Sí "quédate con nosotros, Señor, porque el día baja, y se hace ya tarde". (Lc 24). Las olas de las tribulaciones han subido hasta nosotros; las alegrías del fervor se han cambiado en suspiros, y el soplo de las tentaciones ha removido nuestra alma hasta en sus últimos pliegues. "Quédate con nosotros," oh Tu paz, refugio y consuelo de los corazones atribulados. Nuestros ojos te imploran, y nuestra alma alterada suspira por Ti. "Quédate con nosotros, no sea que nuestra caridad se entibie, y nuestra luz se extinga en la noche; porque "el día baja y se hace ya tarde."

Ya ha llegado la tarde de mi vida; ya mi cuerpo cede a la violencia de los dolores; la muerte me cerca, mi conciencia se turba, tiemblo al pensamiento de tu juicio Señor!

"Se hace tarde, el día declina; quédate con nosotros." "En tus manos entrego mi espíritu" (lb XXIII). En Ti solo está mi salud; hacia Ti solo sé levantar mis miradas. "Quédate con nosotros," a fin de que, emancipándose el alma en la tarde de la vida, por medio del fervor, del yugo de las tribulaciones, le preparen la oración y el amor una dulce hospitalidad en el seno de Dios.
(San Bernardo)
Veni, Sancte Spiritus
Ven, oh Santo Espíritu,
y del alto empíreo
Un rayo de tu luz dígnate enviar;
Ven, dador de dádivas,
Padre de los míseros,
Ven, nuestros corazones a inflamar.
Huésped de las almas,
Dulce refrigerio,
Optimo y eficaz consolador;
Bálsamo en el llanto,
Tregua en la fatiga,
Plácida sombra en festival ardor.
Oh luz dichosísima!
Llena lo mas íntimo
De las entrañas en tu pueblo fiel;
Pues nada en el hombre,
Sin tu excelso numen,
inculpable ni justo puede haber.
Lava allí lo sórdido;
Riega lo que es árido;
Sana lo que sufrió golpe mortal;
Dobla ya lo rígido;
Arda al fin lo gélido;
Lo descarriado ven a gobernar.
Calma aquí a tus fieles,
Los que en Ti confían,
De tu sagrado septenario don;
Dales gracias y mérito;
Dales feliz éxito.
Y el celestial eterno galardón.
Oración al Espíritu Santo
Espíritu Santo, Tú que me aclaras todo, que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal. Tú que me das el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estás conmigo, yo quiero en este corto diálogo agradecerte por todo y confirmar una vez más que nunca quiero separarme de Ti, por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua.
Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Amén.
El Magnificat
Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu ha saltado de regocijo en Dios mi Salvador.
Porque ha mirado la humildad de su sierva, y he aquí que ya todas las generaciones me llamarán bienaventurada.
Porque el que es omnipotente ha hecho en mí grandes cosas; y su nombre es santo.
Y su misericordia se propaga de edad en edad sobre todos los que le temen.
El desplegó la fuerza de su brazo; disipó los designios que los soberbios formaban en su corazón.
Derribó a los poderosos y ensalzó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos; y a los ricos despidió sin cosa alguna.
Levantó a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia.
Según había prometido a nuestros padres Abraham y su descendencia, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración a Nuestra Señora
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido abandonado. Animado de esta confianza, oh Virgen de las Vírgenes, vengo a Ti. Gimiendo bajo el peso de mis pecados me postro a tus plantas. No desprecies mis oraciones, oh Madre del Verbo, sino escúchalas y dígnate acogerlas favorablemente.
Siete Padrenuestros, con Avemarías y la Gloria, para alcanzar los dones del Espíritu Santo.
NOVENA AL ESPÍRITU SANTO

** Día sexto **
Por la señal, etc.
Ven, oh Santo Espíritu: llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
— Envía tu Espíritu, y las cosas serán creadas.
— Y renovarás la faz de la tierra.
Oración
Oh Dios, que con la claridad del Espíritu Santo iluminaste los corazones de los fieles; concédenos este mismo Espíritu para obrar con prudencia y rectitud, y gozar siempre de sus consuelos inefables. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Veni Creatur Spiritus
Ven, Espíritu Creador,
Visita las almas de tus fieles
Y llena de la divina gracia los corazones,
Que Tú mismo creaste.
Tú que eres el Paráclito
Llamado y don altísimo de Dios;
Fuente viva, y amor, y fuego ardiente,
Y espiritual unción.
Tú, septíforme en dádivas.
Tú, dedo de la diestra paternal;
Tú, promesa magnífica del Padre,
Que el torpe labio vienes a soltar;
Con tu luz iluminas los sentidos,
Los afectos inflaman con tu amor;
Con tu fuerza invencible corrobora
La corpórea flaqueza y corrupción.
Lejos expulsa al pérfido enemigo,
Envíanos tu paz;
Siendo Tú nuestro Guía,
Toda culpa logremos evitar;
Danos tu influjo a conocer al Padre,
Danos también al Hijo a conocer,
Y del uno y del otro, oh Santo Espíritu,
En Ti creamos con sincera fe.
Dios Padre alabanza, honor y gloria,
Con el Hijo que un día resucitó
De entre los muertos; y al feliz Paráclito
De siglos en la eterna sucesión.
Oración
Oh divino amor, oh lazo sagrado que unes al Padre y al Hijo, Espíritu Todopoderoso, consolador de los afligidos, penetra en los profundos abismos de mi corazón. Derrama tu refulgente luz sobre estos lugares incultos y tenebrosos, y envía tu dulce rocío a esta tierra desierta, para reparar su larga aridez. Envía los rayos celestiales de tu amor hasta el fondo más misterioso del hombre interior, a fin de que penetrando en él, enciendan el vivísimo fuego que consume toda debilidad y toda languidez. Ven, pues, ven, dulce consolador de las almas desoladas, refugio en los peligros y protector en las tribulaciones. Ven, Tú que lavas las almas de sus manchas y curas sus heridas. Ven, fuerza del débil y apoyo del que cae. Ven, doctor de los humildes y vencedor de los orgullosos. Ven, padre de los huérfanos, esperanza del pobre y vida del que comenzaban a languidecer. Ven, estrella de los navegantes y puerto de los náufragos. Ven, fuerza de los vivos y última esperanza de los que van a morir. Ven, oh Espíritu Santo. Ven, y ten misericordia de mí. Dispón de tal suerte mi alma y condesciende con mi debilidad con tanta dulzura, que mi pequeñez encuentre gracia delante de tu grandeza infinita; mi impotencia delante de tu fuerza, y mis ofensas delante de la multitud de tus misericordias; por Nuestro Señor Jesucristo mi Salvador, que con el Padre vive y reina en tu unidad por todos los siglos de los siglos. Amén.
(San Agustín, Meditaciones, IX)
Meditación del día
Dios mío, ten misericordia de los que no la tienen de sí mismos
Oh, Señor y Dios mío, cuán grande es la petición que te hago cuando te pido que ames a los que no llaman a tu puerta; y que sanes a los que no solo tienen gusto en hallarse enfermos, sino que trabajan para aumentar sus enfermedades. Tú has dicho, Dios mío, que viniste al mundo a buscar a los pecadores: estos son, Señor, los verdaderos pecadores. No consideres su ceguedad: considera solamente la sangre que Tu Hijo derramó por nuestra salvación. Ten misericordia de los que no la tienen de sí mismos, y puesto que no quieren ir a Ti, ven Tú a ellos, oh Dios mío!

Oh verdaderos cristianos, llorad con vuestro Dios: las lágrimas que derramó no fueron solamente por Lázaro, sino por todos aquellos de quienes Él sabía que no querían resucitar, cuando los llamase en voz alta para que saliesen de sus sepulcros.

Oh Jesús, ¡cuán presentes tenías entonces todos los pecados que he cometido contra Ti! Has que cesen, Dios mío, has que cesen, así como los de todo el mundo. Salvador mío, sean tus gritos tan poderosos, que den la vida a esos desgraciados, aunque no te la pidan, como no te la pidió Lázaro.

Tú hiciste ese milagro en favor de una mujer pecadora. Pues aquí tienes, Señor, una que lo es mucho más. Muestra, pues, la grandeza de tu misericordia. Yo te la pido, aunque miserable, para los que no quieren pedírtela. Yo te la pido en su nombre, con la seguridad de que esos muertos resucitarán tan pronto como empiecen a volver en sí mismos, a conocer su miseria y a pedirte tu gracia.
(Santa Teresa, Meditaciones)
Veni, Sancte Spiritus
Ven, oh Santo Espíritu,
y del alto empíreo
Un rayo de tu luz dígnate enviar;
Ven, dador de dádivas,
Padre de los míseros,
Ven, nuestros corazones a inflamar.
Huésped de las almas,
Dulce refrigerio,
Optimo y eficaz consolador;
Bálsamo en el llanto,
Tregua en la fatiga,
Plácida sombra en festival ardor.
Oh luz dichosísima!
Llena lo mas íntimo
De las entrañas en tu pueblo fiel;
Pues nada en el hombre,
Sin tu excelso numen,
inculpable ni justo puede haber.
Lava allí lo sórdido;
Riega lo que es árido;
Sana lo que sufrió golpe mortal;
Dobla ya lo rígido;
Arda al fin lo gélido;
Lo descarriado ven a gobernar.
Calma aquí a tus fieles,
Los que en Ti confían,
De tu sagrado septenario don;
Dales gracias y mérito;
Dales feliz éxito.
Y el celestial eterno galardón.
Oración al Espíritu Santo
Espíritu Santo, Tú que me aclaras todo, que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal. Tú que me das el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estás conmigo, yo quiero en este corto diálogo agradecerte por todo y confirmar una vez más que nunca quiero separarme de Ti, por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua.
Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Amén.
El Magnificat
Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu ha saltado de regocijo en Dios mi Salvador.
Porque ha mirado la humildad de su sierva, y he aquí que ya todas las generaciones me llamarán bienaventurada.
Porque el que es omnipotente ha hecho en mí grandes cosas; y su nombre es santo.
Y su misericordia se propaga de edad en edad sobre todos los que le temen.
El desplegó la fuerza de su brazo; disipó los designios que los soberbios formaban en su corazón.
Derribó a los poderosos y ensalzó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos; y a los ricos despidió sin cosa alguna.
Levantó a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia.
Según había prometido a nuestros padres Abraham y su descendencia, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración a Nuestra Señora
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido abandonado. Animado de esta confianza, oh Virgen de las Vírgenes, vengo a Ti. Gimiendo bajo el peso de mis pecados me postro a tus plantas. No desprecies mis oraciones, oh Madre del Verbo, sino escúchalas y dígnate acogerlas favorablemente.
Siete Padrenuestros, con Avemarías y la Gloria, para alcanzar los dones del Espíritu Santo.
NOVENA AL ESPÍRITU SANTO

** Día sexto **
Por la señal, etc.
Ven, oh Santo Espíritu: llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
— Envía tu Espíritu, y las cosas serán creadas.
— Y renovarás la faz de la tierra.
Oración
Oh Dios, que con la claridad del Espíritu Santo iluminaste los corazones de los fieles; concédenos este mismo Espíritu para obrar con prudencia y rectitud, y gozar siempre de sus consuelos inefables. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Veni Creatur Spiritus
Ven, Espíritu Creador,
Visita las almas de tus fieles
Y llena de la divina gracia los corazones,
Que Tú mismo creaste.
Tú que eres el Paráclito
Llamado y don altísimo de Dios;
Fuente viva, y amor, y fuego ardiente,
Y espiritual unción.
Tú, septíforme en dádivas.
Tú, dedo de la diestra paternal;
Tú, promesa magnífica del Padre,
Que el torpe labio vienes a soltar;
Con tu luz iluminas los sentidos,
Los afectos inflaman con tu amor;
Con tu fuerza invencible corrobora
La corpórea flaqueza y corrupción.
Lejos expulsa al pérfido enemigo,
Envíanos tu paz;
Siendo Tú nuestro Guía,
Toda culpa logremos evitar;
Danos tu influjo a conocer al Padre,
Danos también al Hijo a conocer,
Y del uno y del otro, oh Santo Espíritu,
En Ti creamos con sincera fe.
Dios Padre alabanza, honor y gloria,
Con el Hijo que un día resucitó
De entre los muertos; y al feliz Paráclito
De siglos en la eterna sucesión.
Oración
Oh divino amor, oh lazo sagrado que unes al Padre y al Hijo, Espíritu Todopoderoso, consolador de los afligidos, penetra en los profundos abismos de mi corazón. Derrama tu refulgente luz sobre estos lugares incultos y tenebrosos, y envía tu dulce rocío a esta tierra desierta, para reparar su larga aridez. Envía los rayos celestiales de tu amor hasta el fondo más misterioso del hombre interior, a fin de que penetrando en él, enciendan el vivísimo fuego que consume toda debilidad y toda languidez. Ven, pues, ven, dulce consolador de las almas desoladas, refugio en los peligros y protector en las tribulaciones. Ven, Tú que lavas las almas de sus manchas y curas sus heridas. Ven, fuerza del débil y apoyo del que cae. Ven, doctor de los humildes y vencedor de los orgullosos. Ven, padre de los huérfanos, esperanza del pobre y vida del que comenzaban a languidecer. Ven, estrella de los navegantes y puerto de los náufragos. Ven, fuerza de los vivos y última esperanza de los que van a morir. Ven, oh Espíritu Santo. Ven, y ten misericordia de mí. Dispón de tal suerte mi alma y condesciende con mi debilidad con tanta dulzura, que mi pequeñez encuentre gracia delante de tu grandeza infinita; mi impotencia delante de tu fuerza, y mis ofensas delante de la multitud de tus misericordias; por Nuestro Señor Jesucristo mi Salvador, que con el Padre vive y reina en tu unidad por todos los siglos de los siglos. Amén.
(San Agustín, Meditaciones, IX)
Meditación del día
Dios mío, ten misericordia de los que no la tienen de sí mismos
Oh, Señor y Dios mío, cuán grande es la petición que te hago cuando te pido que ames a los que no llaman a tu puerta; y que sanes a los que no solo tienen gusto en hallarse enfermos, sino que trabajan para aumentar sus enfermedades. Tú has dicho, Dios mío, que viniste al mundo a buscar a los pecadores: estos son, Señor, los verdaderos pecadores. No consideres su ceguedad: considera solamente la sangre que Tu Hijo derramó por nuestra salvación. Ten misericordia de los que no la tienen de sí mismos, y puesto que no quieren ir a Ti, ven Tú a ellos, oh Dios mío!

Oh verdaderos cristianos, llorad con vuestro Dios: las lágrimas que derramó no fueron solamente por Lázaro, sino por todos aquellos de quienes Él sabía que no querían resucitar, cuando los llamase en voz alta para que saliesen de sus sepulcros.

Oh Jesús, ¡cuán presentes tenías entonces todos los pecados que he cometido contra Ti! Has que cesen, Dios mío, has que cesen, así como los de todo el mundo. Salvador mío, sean tus gritos tan poderosos, que den la vida a esos desgraciados, aunque no te la pidan, como no te la pidió Lázaro.

Tú hiciste ese milagro en favor de una mujer pecadora. Pues aquí tienes, Señor, una que lo es mucho más. Muestra, pues, la grandeza de tu misericordia. Yo te la pido, aunque miserable, para los que no quieren pedírtela. Yo te la pido en su nombre, con la seguridad de que esos muertos resucitarán tan pronto como empiecen a volver en sí mismos, a conocer su miseria y a pedirte tu gracia.
(Santa Teresa, Meditaciones)
Veni, Sancte Spiritus
Ven, oh Santo Espíritu,
y del alto empíreo
Un rayo de tu luz dígnate enviar;
Ven, dador de dádivas,
Padre de los míseros,
Ven, nuestros corazones a inflamar.
Huésped de las almas,
Dulce refrigerio,
Optimo y eficaz consolador;
Bálsamo en el llanto,
Tregua en la fatiga,
Plácida sombra en festival ardor.
Oh luz dichosísima!
Llena lo mas íntimo
De las entrañas en tu pueblo fiel;
Pues nada en el hombre,
Sin tu excelso numen,
inculpable ni justo puede haber.
Lava allí lo sórdido;
Riega lo que es árido;
Sana lo que sufrió golpe mortal;
Dobla ya lo rígido;
Arda al fin lo gélido;
Lo descarriado ven a gobernar.
Calma aquí a tus fieles,
Los que en Ti confían,
De tu sagrado septenario don;
Dales gracias y mérito;
Dales feliz éxito.
Y el celestial eterno galardón.
Oración al Espíritu Santo
Espíritu Santo, Tú que me aclaras todo, que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal. Tú que me das el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estás conmigo, yo quiero en este corto diálogo agradecerte por todo y confirmar una vez más que nunca quiero separarme de Ti, por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua.
Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Amén.
El Magnificat
Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu ha saltado de regocijo en Dios mi Salvador.
Porque ha mirado la humildad de su sierva, y he aquí que ya todas las generaciones me llamarán bienaventurada.
Porque el que es omnipotente ha hecho en mí grandes cosas; y su nombre es santo.
Y su misericordia se propaga de edad en edad sobre todos los que le temen.
El desplegó la fuerza de su brazo; disipó los designios que los soberbios formaban en su corazón.
Derribó a los poderosos y ensalzó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos; y a los ricos despidió sin cosa alguna.
Levantó a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia.
Según había prometido a nuestros padres Abraham y su descendencia, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración a Nuestra Señora
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido abandonado. Animado de esta confianza, oh Virgen de las Vírgenes, vengo a Ti. Gimiendo bajo el peso de mis pecados me postro a tus plantas. No desprecies mis oraciones, oh Madre del Verbo, sino escúchalas y dígnate acogerlas favorablemente.
Siete Padrenuestros, con Avemarías y la Gloria, para alcanzar los dones del Espíritu Santo.
NOVENA AL ESPÍRITU SANTO

** Día septimo **
Por la señal, etc.
Ven, oh Santo Espíritu: llena los corazones de tus fieles, y enciende en ellos el fuego de tu amor.
— Envía tu Espíritu, y las cosas serán creadas.
— Y renovarás la faz de la tierra.
Oración
Oh Dios, que con la claridad del Espíritu Santo iluminaste los corazones de los fieles; concédenos este mismo Espíritu para obrar con prudencia y rectitud, y gozar siempre de sus consuelos inefables. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.
Veni Creatur Spiritus
Ven, Espíritu Creador,
Visita las almas de tus fieles
Y llena de la divina gracia los corazones,
Que Tú mismo creaste.
Tú que eres el Paráclito
Llamado y don altísimo de Dios;
Fuente viva, y amor, y fuego ardiente,
Y espiritual unción.
Tú, septíforme en dádivas.
Tú, dedo de la diestra paternal;
Tú, promesa magnífica del Padre,
Que el torpe labio vienes a soltar;
Con tu luz iluminas los sentidos,
Los afectos inflaman con tu amor;
Con tu fuerza invencible corrobora
La corpórea flaqueza y corrupción.
Lejos expulsa al pérfido enemigo,
Envíanos tu paz;
Siendo Tú nuestro Guía,
Toda culpa logremos evitar;
Danos tu influjo a conocer al Padre,
Danos también al Hijo a conocer,
Y del uno y del otro, oh Santo Espíritu,
En Ti creamos con sincera fe.
Dios Padre alabanza, honor y gloria,
Con el Hijo que un día resucitó
De entre los muertos; y al feliz Paráclito
De siglos en la eterna sucesión.
Oración
Oh divino amor, oh lazo sagrado que unes al Padre y al Hijo, Espíritu Todopoderoso, consolador de los afligidos, penetra en los profundos abismos de mi corazón. Derrama tu refulgente luz sobre estos lugares incultos y tenebrosos, y envía tu dulce rocío a esta tierra desierta, para reparar su larga aridez. Envía los rayos celestiales de tu amor hasta el fondo más misterioso del hombre interior, a fin de que penetrando en él, enciendan el vivísimo fuego que consume toda debilidad y toda languidez. Ven, pues, ven, dulce consolador de las almas desoladas, refugio en los peligros y protector en las tribulaciones. Ven, Tú que lavas las almas de sus manchas y curas sus heridas. Ven, fuerza del débil y apoyo del que cae. Ven, doctor de los humildes y vencedor de los orgullosos. Ven, padre de los huérfanos, esperanza del pobre y vida del que comenzaban a languidecer. Ven, estrella de los navegantes y puerto de los náufragos. Ven, fuerza de los vivos y última esperanza de los que van a morir. Ven, oh Espíritu Santo. Ven, y ten misericordia de mí. Dispón de tal suerte mi alma y condesciende con mi debilidad con tanta dulzura, que mi pequeñez encuentre gracia delante de tu grandeza infinita; mi impotencia delante de tu fuerza, y mis ofensas delante de la multitud de tus misericordias; por Nuestro Señor Jesucristo mi Salvador, que con el Padre vive y reina en tu unidad por todos los siglos de los siglos. Amén.
(San Agustín, Meditaciones, IX)
Meditación del día
Yo no veo en mí más que imperfección
Oh Dios de mi alma, Vos que tanta compasión y amor tenéis por ella, habéis dicho: "Venid a Mí, vosotros los que estáis abrumados de pena y de trabajo, y Yo os aliviaré" (Mt 11, 28). "Venid, todos los que tenéis sed, y Yo os la apagaré" (Jn 7, 37). Oh Vida que dais la vida a todos; fuente celestial de la gracia; no me neguéis esa agua tan dulce que prometéis a todos los que la desean.

Pero, oh Señor y Dios mío, ¿como los que tan mal os han servido, y no han sabido conservar los que les habéis dado, pueden atreverse a pediros nuevos favores? ¿Quién puede fiarse de uno que tantas veces le ha vendido? ¿Qué puede pediros una criatura tan miserable como yo?

¡Bendito sea eternamente el que me da tanto y a quien doy tan poco! Porque "¿qué os da Señor, un alma que no renuncia a todo por vuestro amor?

¿Yo no estoy acaso infinitamente distante de haberlo hecho?

Yo no veo en mí más que imperfección, y cobardía en tu servicio, y a veces quisieran haber perdido el sentido, para no saber hasta dónde llega el exceso de mi miseria. Vos solo, Señor, sois capaz de remediarla: así os lo suplico; no me neguéis esta gracia, ¡oh Dios mío!
(Santa Teresa, Meditaciones)
Veni, Sancte Spiritus
Ven, oh Santo Espíritu,
y del alto empíreo
Un rayo de tu luz dígnate enviar;
Ven, dador de dádivas,
Padre de los míseros,
Ven, nuestros corazones a inflamar.
Huésped de las almas,
Dulce refrigerio,
Optimo y eficaz consolador;
Bálsamo en el llanto,
Tregua en la fatiga,
Plácida sombra en festival ardor.
Oh luz dichosísima!
Llena lo mas íntimo
De las entrañas en tu pueblo fiel;
Pues nada en el hombre,
Sin tu excelso numen,
inculpable ni justo puede haber.
Lava allí lo sórdido;
Riega lo que es árido;
Sana lo que sufrió golpe mortal;
Dobla ya lo rígido;
Arda al fin lo gélido;
Lo descarriado ven a gobernar.
Calma aquí a tus fieles,
Los que en Ti confían,
De tu sagrado septenario don;
Dales gracias y mérito;
Dales feliz éxito.
Y el celestial eterno galardón.
Oración al Espíritu Santo
Espíritu Santo, Tú que me aclaras todo, que iluminas todos los caminos para que yo alcance mi ideal. Tú que me das el don divino de perdonar y olvidar el mal que me hacen y que en todos los instantes de mi vida estás conmigo, yo quiero en este corto diálogo agradecerte por todo y confirmar una vez más que nunca quiero separarme de Ti, por mayor que sea la ilusión material. Deseo estar contigo y todos mis seres queridos en la gloria perpetua.
Gracias por tu misericordia para conmigo y los míos. Amén.
El Magnificat
Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu ha saltado de regocijo en Dios mi Salvador.
Porque ha mirado la humildad de su sierva, y he aquí que ya todas las generaciones me llamarán bienaventurada.
Porque el que es omnipotente ha hecho en mí grandes cosas; y su nombre es santo.
Y su misericordia se propaga de edad en edad sobre todos los que le temen.
El desplegó la fuerza de su brazo; disipó los designios que los soberbios formaban en su corazón.
Derribó a los poderosos y ensalzó a los humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos; y a los ricos despidió sin cosa alguna.
Levantó a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia.
Según había prometido a nuestros padres Abraham y su descendencia, por los siglos de los siglos. Amén.
Oración a Nuestra Señora
Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección e implorado tu socorro haya sido abandonado. Animado de esta confianza, oh Virgen de las Vírgenes, vengo a Ti. Gimiendo bajo el peso de mis pecados me postro a tus plantas. No desprecies mis oraciones, oh Madre del Verbo, sino escúchalas y dígnate acogerlas favorablemente.
Siete Padrenuestros, con Avemarías y la Gloria, para alcanzar los dones del
Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.
 
Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

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