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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003
A María Virgen, Madre de Dios
Vía Marialis. Consagración a Maria

En qué consiste la consagración Consagrarse es entregarse uno mismo, por entero, a Dios. La Sabiduría Divina nos muestra un camino dulce y directo de pertenencia, el del Corazón Inmaculado de María. Esto significa que la consagración que hacemos de nuestras personas al Corazón Inmaculado de María es consagración a Dios mismo. Consagrarse a María, es decir a Dios por medio de María, es abandonarse en Ella para ser de Dios. Es dejarla hacer en nosotros un pequeño Cristo. Dejar que nos plasme y purifique. ¿Por qué consagrarse? Ante todo porque debemos ser santos. Dios nos pide la santidad. Si no se es santo no es posible alcanzar el Cielo. Más aún, si no se emprende un camino de santidad no es posible vivir uno mismo la paz, la alegría que sólo Dios puede dar y que ama darlas ya desde aquí en la tierra a quienes se lo piden y se esfuerzan para ello. Pero, debemos convenir que cuando iniciamos un camino de conversión, no es la santidad a lo primero a que apuntamos. A veces nos acercamos a la consagración por otros motivos. En cada uno puede haber un primer motivo distinto y en realidad ocurre que suele ir cambiando, perfeccionándose. Lo más frecuente es que sintamos la necesidad de consagrarnos para estar protegidos, para encontrar un refugio en este mundo tan amenazado y amenazante. Y está bien que así sea porque en verdad el enemigo no puede llegar al Corazón de la Madre. Allí no pueden dañarnos los ataques satánicos. Otra causa que nos puede llevar a la consagración es la necesidad de consolación y de rumbo en la vida nueva a la que Dios nos llama. La consagración satisface estas necesidades del espíritu y va más allá. Porque la consagración es camino, camino de abandono, de despojamiento, de santidad. Es camino hacia Dios llevados por María. Es recibir de Corazón a corazón las inspiraciones santas de la Madre. Es pertenecerle a Dios a través de María. Es imitar a Cristo. El camino de consagración es un camino sencillo en el que se recibe la fuerza que la Madre da a sus hijos por medio de las gracias que Dios le ha dado para ello, y por medio de su poderosa intercesión. Consagrarse es llevar en la frente el sello de la Inmaculada, y aferrado en la mano el Rosario, oración simple y profunda por la que el camino se limpia de obstáculos. Nos consagramos para aprender a amar según la medida de Dios –"ámense unos a otros como Yo los he amado"- y alcanzar esa medida. Alcanzarla desde María, bajo su guía y cuidado. María está en la gloria porque es Santa entre los santos, pero también está acá en la tierra porque es Madre. Ella es quien atrae nuestros pobres corazones, una vez consagrados, hacia el Cielo y quien vuelve estos mismos corazones dignas moradas en las que habite la Trinidad Santísima. ¿Cómo prepararse a la Consagración? Recorreremos este camino de consagración, que es de santidad, como Ella misma nos lo indica: nutriéndonos del Sacramento del Amor, la Eucaristía, cada día, para que nunca nos falte esa gracia sobreabundante que nos alimenta espiritualmente. Purificaremos, como también nos pide María, nuestro corazón por medio del Sacramento de la Reconciliación frecuente (al menos una vez al mes). Porque es por medio de la Confesión que restableceremos en nosotros el Reino de los Cielos y no sólo triunfará en nosotros el Corazón Inmaculado sino que contribuiremos a su triunfo definitivo en el mundo. Y conoceremos la Palabra de Dios, mediante la práctica diaria de su lectura, para vivirla como nuestra Madre también nos pide. San Luis María Grignion de Monfort propone un método de preparación de 33 días. Recomendamos la lectura del "Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen", de San Luis María Grignion de Montfort. ¿Cómo consagrarse? Antes que nada es un acto del corazón y no una fórmula o conjunto de fórmulas o una devoción. Lo que se requiere es el deseo de hacerlo. No importa cuán débiles nos sintamos. Nuestro compromiso será en la medida de nuestras posibilidades. Por ello mismo la consagración es un camino, camino que se perfecciona al andar. Y por la misma razón, por nuestras incapacidades, temporarias limitaciones e infidelidades es que se vuelve muy necesario renovar, seguramente al menos una vez al año, la consagración.¿Por qué el Corazón Inmaculado de María? Fue el Padre Eterno quien -habiendo dispuesto que su Hijo se encarnase para que participando de nuestra propia naturaleza, sin por ello dejar de ser Dios- nos diera la salvación franqueando el abismo infinito que por el pecado separaba al hombre de su Creador. Por ello, la meditación de la Anunciación, es decir, aquel diálogo entre la pequeña doncella de Nazaret y el Arcángel enviado del Altísimo, del cual surge la concepción del Verbo Eterno como hombre, nos lleva necesariamente a la otra concepción, la de esta misma jovencita. Porque Dios Padre, en su perfectísima providencia y sabiduría, había ya, en el momento oportuno, creado a María. La creó purísima, sin rastros de pecado. La creó para darle mucho más que digna morada a su Hijo, para que fuera su Madre. La creó con un corazón donde estaba efundido el amor de Dios de tal manera que pese a las pruebas por las que tuvo que pasar a través de su larga vida nunca jamás habría de pecar. María concibió y dio a luz a Jesús según la carne, le dio su humanidad, pero por el Hijo había ya Ella recibido la salvación y su corazón santísimo. Y fue precisamente de su Corazón Inmaculado que brotó aquel sí que toda la creación esperaba y por el cual el Verbo Eterno se hizo hombre en su seno virginal. Nosotros, ahora, debemos ser engendrados no ya en la carne sino en el Espíritu como hijos de Dios, y la obra que inició el Espiritu Santo por nuestro bautismo debe completarse. La Iglesia nos ofrece y nos muestra desde siempre todos los medios para la santificación, desde los Sacramentos hasta la enseñanzas y los mismos ejemplos de los santos. Pero, en estos últimos siglos, y recientemente desde Fátima en particular, la Providencia nos ha preparado este camino de gracia sobreabundante que es la consagración al Corazón Inmaculado de María El Corazón de María es el espacio místico del encuentro con Dios, porque es el tabernáculo viviente de la Santísima Trinidad. Es el Corazón que atesoró la Palabra desde que esa Palabra estaba en la piedra y sobre el pergamino hasta que se hizo carne en Ella y más aún. María guardó en su corazón cada palabra acerca de su Hijo, primero, y de su Hijo después. Hasta aquellas terribles que Jesús pronunció exangüe en la cruz. Desde entonces María es Madre de todos nosotros. Maternidad que se iría perfeccionando en Pentecostés y seguramente mucho después hasta alcanzar la acabada y total perfección en la gloria de su Asunción. Su Corazón Inmaculado significa el amor puro, el más puro amor de una creatura para con su Dios. El Corazón Inmaculado de María es el Corazón glorificado de la Madre de todos los vivientes. Es el Corazón Santo de la Iglesia porque Ella es Madre de la Iglesia y es modelo que modela. Quien a su Corazón se consagra, a él se va conformando y a él imita, descubriendo en él a Dios, a quien ama y de quien se deja amar. En este tiempo de gracia Dios dispone, para aquellos que lo acepten, este Corazón en el cual gestar los hijos nuevos, los que cumplen su Ley de Amor.
 

CONSAGRACIÓN al CORAZÓN INMACULADO de MARÍA
Isaías 41,10 No temas, porque estoy contigo. No te inquietes porque soy tu Dios, te fortalezco y te ayudo. Yo te sostengo con mi mano victoriosa. "María es el medio más seguro, el más fácil, el más corto y el más perfecto para ir a Jesucristo" (San Luis María Grignion de Monfort) "No temas, estoy contigo" Reina de la Paz-Medjugorje
Oración
Madre Inmaculada, Reina de la Paz,hoy te entrego mi vida, hoy me entrego a tu amor.Te entrego todos mis años vividos y por vivir en esta tierra,los pongo en tu Corazón de Madre de Misericordia.Te doy en ofrenda todos mis temores y seguridades,todas mis angustias, mis tristezas, mis alegrías,mis pensamientos y sentimientos.Busco tu protección de Madre Inmaculada,Hija Predilecta del Padre, Madre Amantísima y Amadísima del Hijo,Templo Glorioso del Espíritu Santo.Madre mía, te ofrezco mis debilidades, y las que creo son mis fortalezas,mis dones y mis deseos.Mis oscuridades y todo lo que quieres que en mí resplandezca.Doblegado a tu irresistible amortodo te doy para ser enteramente tuyo y así enteramente de tu Hijo.¡Guíame Madre, no me abandones!Quiero ser digno hijo tuyo,absolutamente tuyo. Ahora y siempre. Amén.
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Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.
 
Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
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