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El Testigo Fiel
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Buscador simple (o avanzado)
El buscador «simple» permite buscar con rapidez una expresión entre los campos predefinidos de la base de datos. Por ejemplo, en la biblioteca será en título, autor e info, en el santoral en el nombre de santo, en el devocionario, en el título y el texto de la oración, etc. En cada caso, para saber en qué campos busca el buscador simple, basta con desplegar el buscador avanzado, y se mostrarán los campos predefinidos. Pero si quiere hacer una búsqueda simple debe cerrar ese panel que se despliega, porque al abrirlo pasa automáticamente al modo avanzado.

Además de elegir en qué campos buscar, hay una diferencia fundamental entre la búsqueda simple y la avanzada, que puede dar resultados completamente distintos: la búsqueda simple busca la expresión literal que se haya puesto en el cuadro, mientras que la búsqueda avanzada descompone la expresión y busca cada una de las palabras (de más de tres letras) que contenga. Por supuesto, esto retorna muchos más resultados que en la primera forma. Por ejemplo, si se busca en la misma base de datos la expresión "Iglesia católica" con el buscador simple, encontrará muchos menos resultados que si se lo busca en el avanzado, porque este último dirá todos los registros donde está la palabra Iglesia, más todos los registros donde está la palabra católica, juntos o separados.

Una forma de limitar los resultados es agregarle un signo + adelante de la palabra, por ejemplo "Iglesia +católica", eso significa que buscará los registros donde estén las dos palabras, aunque pueden estar en cualquier orden.
La búsqueda admite el uso de comillas normales para buscar palabras y expresiones literales.
La búsqueda no distingue mayúsculas y minúsculas, y no es sensible a los acentos (en el ejemplo: católica y Catolica dará los mismos resultados).

«De repente, todo el mundo se volvió malvado», recuerda una superviviente del genocidio ruandés

12 de abril de 2024
Godeliève Mukasarasi sobrevivió de milagro a la encarnizada matanza entre hutus y tutsis, que acabó con más de 800.000 ruandeses hace ahora 30 años.

Han pasado 30 años, pero lo que sucedió del 6 de abril al 6 de julio de 1994 está grabado a fuego en su memoria. Godeliève Mukasarasi sobrevivió de milagro a la encarnizada matanza entre hutus y tutsis, que acabó con más de 800.000 ruandeses, la mayoría del segundo grupo étnico. Mukasarasi perdió a la mayor parte de su familia: 20 de ellos fueron ahogados en un río no lejos de su casa. Su marido y su hija fueron asesinados dos años después, en los tráfagos de una espiral de venganza que no se detuvo tras aquellos cien días de sangre. Godeliève, que ahora tiene 65 años, ha dedicado su vida a curar las heridas de la sociedad ruandesa y a tejer la confianza en las relaciones sociales de su pueblo desgarrado. En diciembre de 1994, apenas cinco meses después de la masacre, fundó la asociación Solidaridad para la Promoción de Viudas y Huérfanos para el Empleo y la Autopromoción (SEVOTA), que ha asistido y acompañado a más de 70.000 personas. En 2018, el Departamento de Estado de Estados Unidos reconoció a Godeliève Mukasarasi con el Premio Internacional a las Mujeres de Coraje.

¿De dónde sacó la fuerza y el valor?

Cuando fundé SEVOTA me motivó el hecho de que mis hijos, mi marido y yo fuéramos supervivientes del genocidio. En aquellos días de masacre recé desde lo más profundo de mi corazón y conecté con el espíritu diciendo que si mis hijos sobrevivían, alabaría a Dios a través de mis acciones. De repente, todo el mundo se volvió malvado. Sentí que debía responder al odio y a la sed de venganza con amor incondicional. Mi fuerza procedía de mi espiritualidad, pero también de mi valentía para superar el dolor. Y de mi activismo como feminista soportando el sufrimiento mientras me solidarizaba con otras mujeres.

Imagino que se topó con un contexto social profundamente dividido… ¿Puede describir los primeros tiempos?

Los comienzos fueron muy difíciles; la gente sufría mucho, había un desconsuelo generalizado por el genocidio. No tenía medios económicos. Las primeras pequeñas ayudas vinieron de mi parroquia y de un misionero español, así como del ayuntamiento del pueblo y, sobre todo, de muchas personas sencillas que no tenían nada, pero ofrecían algo de comida, algo de ropa… Poco a poco las mujeres me iban escuchando y se mostraban dispuestas a seguir mi consejo de trabajar por la paz. Cantábamos y bailábamos con las mujeres para curar su dolor y transformar su sufrimiento en un camino de acción positiva. También conté con el apoyo de la voluntad política.

Ha atendido principalmente a viudas y víctimas de violencia sexual, pero también a muchos huérfanos…

De repente nos encontramos con un país con miles de viudas y muchas mujeres y niñas que habían sido agredidas sexualmente. Por no hablar de los huérfanos, niños que no tenían nada ni a nadie, no sabían dónde ir ni a quién acudir. Quería devolverles la sonrisa a los niños y a las mujeres. Pensamos en crear grupos recreativos y deportivos en sus localidades. También pusimos en marcha actividades agrícolas y organizamos talleres de escucha para ayudar a las viudas. Eran concebidos como espacios protegidos para que las mujeres pudieran compartir sus traumas y poco a poco generaron confianza entre ellas lo que forjó una relación de ayuda mutua. Hoy seguimos con este enfoque proponiendo y facilitando iniciativas en las que las mujeres puedan reunirse, formarse y también montar pequeñas actividades económicas, desde la agricultura a la artesanía, para que puedan ser autónomas. Hicimos lo mismo con chicas que habían sido víctimas de violencia sexual, doblemente víctimas porque estaban estigmatizadas por llevar en su seno al hijo del enemigo.

También creamos el grupo de mujeres Urunana rw’abashaka amahoro muri Taba (Red de Mujeres por la Paz en Taba) que fueron testigos en el juicio en el Tribunal Penal de Ruanda. Gracias a ellas, la violación fue reconocida por las Naciones Unidas como arma de guerra y crimen contra la humanidad.

Mujeres víctimas, pero también mujeres protagonistas. ¿Cómo ha sido posible ese proceso de sanación después de todo lo que había pasado?

Las mujeres de Urunana rw’abashaka amahoro fueron las pioneras de este proceso de sanación de las heridas. Se reunían todos los días 5 de cada mes hasta que llegó el Covid-19. Recuerdo que, en 2005, centramos nuestras acciones en mujeres víctimas y/o supervivientes de violencia sexual, incluidas las violaciones y los matrimonios forzados y/o condicionados, tras haber quedado huérfanas, pero que tenían hijos nacidos de la violencia sexual. Esto fue posible gracias a la solidaridad de otras personas implicadas en la lucha contra la violencia hacia las mujeres y los niños. Les ayudamos a recuperar la confianza en sí mismas para que luego pudieran confiar en los demás y encontrar la fuerza para levantarse y hacerse cargo de sí mismas. No fue fácil, pero era una forma necesaria de tejer la paz en nuestras comunidades tan profundamente desgarradas.

También involucraste a algunos de los perpetradores del genocidio en los procesos de reconciliación…

No tenemos un proyecto específico para este trabajo, pero estamos pensando en hacerlo. Hemos incluido en los grupos de sanación y escucha a personas que han salido de la cárcel, a veces a través de las mujeres líderes de los grupos como parte del proceso de unidad y reconciliación social. Por ejemplo, en el proyecto de esucha Abunzubumwe Ndi Umunyarwanda en Karama, en el distrito de Kamonyi, las mujeres involucraron a sus maridos y a otras mujeres con maridos en prisión. Cuando los maridos —que habían sido asesinos— se implicaron en los grupos, participaron así en la reconciliación de la comunidad y sirvieron de modelo de paz y seguridad para otros hombres. En mi aldea de Rukoma, y en otros lugares, hemos visto cómo esto funciona. Sobre todo, en los casos en los que la esposa -que ya participaba en el grupo- tenía a su marido en la cárcel. Ellas logran convencer a sus maridos para dejar atrás el odio. Queremos poner en marcha un proyecto para reintegrar a los presos que hayan cumplido su condena en la construcción de la paz y el desarrollo comunitario.

¿Qué significa el perdón en este contexto?

Perdonar significa ser consciente del error que has cometido, reconocer el mal que has hecho, reconocer las emociones que guardas en el corazón y no dejarlas bajo llave para que se conviertan en monstruos gigantescos, incluida la ira, el odio y el resentimiento. También es necesario recurrir al apoyo psicológico y a la oración, empatizando con la persona a la que has agraviado. Perdonar también es perdonarte a ti mismo, aceptar tus errores y asumir las consecuencias. Es importante pedir perdón a nuestro Padre que está en los cielos, hacer penitencia y comprometerse de corazón a no volver a hacer el mal. Esto allana el camino para poder pedir perdón a la persona a la que has ofendido. Es un proceso que requiere conciencia personal, voluntad y compromiso.

fuente: Alfa & Omega
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