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El Testigo Fiel
«Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él, y él conmigo...»
formación, reflexión y amistad en la fe, con una mirada católica ~ en línea desde el 20 de junio de 2003
Santa Publia, monja
fecha: 9 de octubre
†: s. IV - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio: En Antioquia de Siria, conmemoración de santa Publia, quien, al morir su marido, entró en un monasterio. En este lugar, mientras cantaba con sus compañeras vírgenes las palabras del salmo «los ídolos de los gentiles son oro y plata» y «sean semejantes los que los hacen», fueron escuchadas por el emperador Juliano el Apóstata, que pasaba por allí, quien ordenó que la abofeteasen y reprendiesen con aspereza.

El historiador Teodoreto dice que Publia era una dama de buena familia de Antioquía que quedó viuda. Entonces reunió en su casa a cierto número de vírgenes y viudas que deseaban consagrarse a las prácticas de piedad en la vida común. El año 362, Juliano el Apóstata fue a Antioquía a preparar su campaña contra Persia. Un día, al pasar frente a la casa de Publia, Juliano se detuvo a escuchar el canto de las divinas alabanzas. Las religiosas cantaban en el oratorio el salmo 115 y Juliano alcanzó a distinguir las palabras: «Los ídolos de los gentiles son de oro y plata y están hechos por mano de hombre: no tienen boca y no pueden hablar». También oyó distintamente el versículo que dice: «Que los que construyen los ídolos y todos los que ponen su confianza en ellos sean como sus dioses». Juliano lo interpretó como un insulto personal y mandó que las religiosas se callasen y no volviesen a cantar nunca. Publia contestó por sus compañeras, citando el salmo 68: «Dios se levantará y destruirá a sus enemigos». Entonces Juliano mandó llamar a Publia y ordenó a los guardias que la golpeasen, a pesar de su sexo y su aspecto venerable. Pero ni así consiguió el emperador que las religiosas dejasen de cantar y se dice que tenía la intención de condenarlas a muerte al volver de la campaña de Persia. Pero Juliano no volvió nunca de esa campaña, de suerte que Publia y sus compañeras acabaron su vida en paz.

Véase Acta Sanctorum, oct., vol. IV, donde se cita el relato de Teodoreto (Hist. Eccles., III, 19).

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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ingreso o última modificación relevante: ant 2012
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